La historia del Partido Nacional, al principio “Partido Blanco” (nombre con el que se le conoce popularmente aún hoy), comienza en el siglo XIX con Manuel Oribe, al poco tiempo de crearse el “Estado Oriental del Uruguay”, alrededor de 1830. El 18 de julio de 1830 se juró solemnemente la primera Constitución del país. En agosto, una vez jurada la Constitución, se convocaron elecciones nacionales para designar al cuerpo electoral que nombraría al primer presidente (elecciones indirectas). El elegido fue Fructuoso Rivera, antiguo colaboracionista con los invasores luso-brasileños que los había traicionado para sumarse a la Cruzada Libertadora de Lavalleja. Rivera asumió el 6 de noviembre de 1830. Este primer gobierno estuvo caracterizado por el nepotismo y la corrupción, ya que en su gabinete se destacaba el grupo de los “Cinco hermanos”, todos cuñados y concuñados suyos. Esto alimentó tensiones internas, que fueron canalizadas por Lavalleja, quien se levantó en armas contra Rivera en 1832 y 1834, siendo derrotado en ambas oportunidades. En aquel momento, Manuel Oribe apoyó a Rivera, pese a discrepar con él personalmente, por respeto al orden constitucional.
El 1 de marzo de 1835, finalizado el mandato de Rivera, es
elegido presidente Oribe. Su gobierno se caracterizó por una estricta
austeridad en las finanzas públicas y una política exterior signada por el
nacionalismo y el neutralismo. Entre los aspectos destacados de su obra de
gobierno figuran la elaboración del Gran
libro de deudas de 1835 (primer esbozo de contabilidad del Estado
uruguayo), la creación de un sistema de jubilaciones y pensiones ese mismo año
y la fundación de la Universidad de la República en 1838.
Al principio, el gobierno británico intentó “comprar” a
Oribe con un “tratado de perpetua alianza” y un empréstito de 3 millones de
pesos, pero el gobierno de Oribe los rechazó. Así, el gobierno inglés eligió
apoyar a su rival, Rivera, para derrocarlo. Algo similar ocurrió con Francia
durante el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires en 1838. Francia solicitó
a Oribe usar el puerto de Montevideo como base naval, a lo que este, celoso de
su neutralidad, se negó. En consecuencia, de forma casi natural, Francia
también comenzó a apoyar a Rivera.
Previo al estallido de la “Guerra Grande” (1836-1852), el
presidente Oribe había comenzado una investigación sobre la labor
administrativa del gobierno anterior. La comisión designada para analizar la
administración de Rivera llegó a conclusiones irrebatibles: había habido
despilfarro y fraude. En julio de 1836, Rivera, agraviado por las conclusiones
a las que había arribado la comisión y destituido del cargo de comandante de
campaña, se levantó contra el gobierno y se alió con los unitarios argentinos
exiliados, al mando de Juan Lavalle. El 19 de septiembre de ese año, Oribe y
Rivera se enfrentaron en la Batalla de Carpintería, en la cual los oribistas portaron
como distintivo una divisa blanca con el lema “defensores de las leyes”. Los
riveristas, por su parte, utilizaron, para distinguirse, unas divisas de color
rojo. Nacieron así los partidos Blanco y Colorado del Uruguay, con sus colores
distintivos. Rivera resultó derrotado en la batalla, y se exilió en el vecino
estado brasileño de Río Grande do Sul, en donde acababa de estallar la Rebelión
de los Farrapos, con cuyos líderes tomó contacto. En octubre de 1837 regresó a
Uruguay y, con ayuda del caudillo riograndense Bento Gonçalves, derrotó a Oribe
en la Batalla de Yucutujá. En junio de 1838 volvió a derrotar a los blancos en
la Batalla de Palmar con el apoyo de Francia, que había ocupado la Isla Martín
García y apuntado sus cañones hacia Montevideo, y desarmado la flotilla
gubernamental al mando de Guillermo Brown.
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| Manuel Oribe |
El 24 de octubre de 1838, Oribe presentó su dimisión en
términos que hablaban de una “licencia temporal” y culpando a Francia por el
triunfo de los colorados. El 29 de octubre se exilió en Buenos Aires, en donde
fue acogido por Rosas, que lo nombró al mando de los ejércitos de la
Confederación Argentina. Mientras tanto, Rivera entró triunfal a Montevideo y
se hizo cargo del gobierno con carácter de dictador. Poco después, el 1 de
marzo de 1839, se hizo elegir presidente constitucional (1839-1843), declarando
la guerra a Rosas como una de sus primeras medidas de gobierno.
Oribe participó de las guerras civiles argentinas,
enfrentándose a Lavalle en la Batalla de Quebracho Herrado (Córdoba) en
noviembre de 1840, infligiéndole una aplastante derrota. En septiembre de 1841,
Oribe derrotó nuevamente a Lavalle en la Batalla de Famaillá (Tucumán). Luego
de esta batalla fueron fusilados y degollados numerosos prisioneros, entre
ellos el gobernador de Tucumán, Marco Avellaneda, lo que contribuyó a crear la
imagen de un Oribe “degollador y asesino” sostenida por sus enemigos. Lavalle
huyó hacia el norte perseguido por Oribe, y el 8 de octubre llegó a la ciudad
de Jujuy. Allí resultó muerto al día siguiente en un incidente con soldados
federales, y su cadáver fue escondido y llevado a Bolivia por sus propios
hombres. Oribe regresó triunfante de Jujuy y, al llegar a Entre Ríos, Rivera
cruzó el Río Uruguay para enfrentarlo. El 6 de diciembre de 1842 se enfrentaron
en la Batalla de Arroyo Grande (Entre Ríos). La victoria de Oribe fue
aplastante, y Rivera huyó del campo de batalla abandonando su espada y sus
pistolas. Rivera regresó a marchas forzadas a Montevideo, en donde sólo pudo
entregar el mando al presidente del Senado, el también colorado Joaquín Suárez,
y salir nuevamente a la campaña para recomponer su ejército deshecho. Oribe
persiguió a Rivera hasta Montevideo y en febrero de 1843 sus tropas acamparon
en el Cerrito. Comenzó así el sitio de Montevideo (1843-1851) y un período de
ocho años de bicefalía en el cual Uruguay tuvo dos gobiernos paralelos: en
Montevideo, el llamado “Gobierno de la Defensa”, colorado y encabezado por
Joaquín Suárez, y en el resto del país, el “Gobierno del Cerrito”, blanco y
comandado por Oribe.
No se produjeron en ese tiempo acciones militares decisivas. Oribe hubiera podido atacar Montevideo y tratar de tomarla por asalto en varias ocasiones, pero nunca lo intentó. Rosas ordenó al almirante Brown que bloqueara Montevideo, pero Inglaterra forzó el levantamiento del bloqueo. La ciudad resistía merced al apoyo que le daban los barcos franceses e ingleses.
No se produjeron en ese tiempo acciones militares decisivas. Oribe hubiera podido atacar Montevideo y tratar de tomarla por asalto en varias ocasiones, pero nunca lo intentó. Rosas ordenó al almirante Brown que bloqueara Montevideo, pero Inglaterra forzó el levantamiento del bloqueo. La ciudad resistía merced al apoyo que le daban los barcos franceses e ingleses.
El Gobierno del Cerrito reconstituyó las cámaras disueltas
por Rivera en 1838 y trató de cubrir sus acciones con cierto respeto a la
legalidad. Se realizaron elecciones para proveer los cargos que habían quedado
vacantes en el Parlamento, y éste renovó periódicamente el mandato de Oribe
como presidente.
El Gobierno del Cerrito comerciaba a través del Puerto del
Buceo, donde se había instalado una aduana cuyo edificio aún se conserva (la
“aduana de Oribe”). A cargo del control de casi todo el país, el Gobierno del
Cerrito dejó una ingente obra legislativa, cuyo punto máximo fue la abolición
total de la esclavitud en 1846. También se fundaron institutos de enseñanza y
se organizó el Poder Judicial, que funcionó de manera independiente.
Ideológicamente, los hombres del Gobierno del Cerrito se
consideraban defensores de la soberanía nacional frente a las potencias
europeas, y de la legalidad institucional interrumpida en 1838. No hay elemento
alguno que confirme que entre los proyectos de los hombres del Cerrito
estuviese la reanexión del Uruguay a la Confederación Argentina, como
denunciaban y temían sus adversarios.
Por su parte, los hombres del Gobierno de la Defensa se
consideraban defensores de las libertades, de los derechos humanos, del
progreso proveniente de Europa y de la autonomía nacional respecto a la
Argentina, puesta en cuestión por la alianza de Oribe con Rosas. En su empeño,
sin embargo, terminaron por rodearse de extranjeros de todo origen (argentinos
unitarios, franceses, británicos, brasileros, italianos de Garibaldi, etc.),
cuyos designios influyeron decisivamente en su triunfo final.
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| Imagen de la defensa de Montevideo por los colorados |
Con la firma de los tratados Arana-Southern (entre la
Confederación Argentina e Inglaterra, 1849) y Arana-Lepredour (entre la
Argentina y Francia, 1850), que pusieron final al bloqueo anglofrancés al Río
de la Plata, el Gobierno de la Defensa de Montevideo parecía condenado a una
rápida derrota.
Sin embargo, en 1851 la situación dio un giro radical. Por
un lado, el diplomático colorado Andrés Lamas obtenía de parte del Imperio del
Brasil el compromiso de intervenir en el conflicto en favor del Gobierno de la
Defensa. Y por el otro, Urquiza rompía su alianza con Rosas, firmando el 29 de
mayo en Montevideo un tratado de alianza ofensivo-defensiva con el Gobierno de
la Defensa y con Brasil. Se sumaron a Urquiza el exgeneral blanco Eugenio
Garzón y, ya luego de invadir Uruguay el 19 de julio, los también blancos
Servando Gómez y Lucas Píriz, traicionando así a Oribe. El 4 de septiembre, 13.000
brasileños ingresaron por Santa Ana y Oribe comprendió que no tenía posibilidad
alguna de resistir. Envió a un negociador ante Urquiza y se retiró al Cerrito. Después
de una larga negociación, se firmó, el 8 de octubre de 1851, el acuerdo que
ponía fin a la Guerra Grande. El tratado establecía que “no habrá vencidos ni
vencedores”, pero lo cierto es que habían ganado los colorados y sus aliados.
El Uruguay quedaría bajo el control del Gobierno de la Defensa, Oribe quedaba
en libertad y podía disponer de su persona, y los actos del fenecido Gobierno
del Cerrito se consideraban legales a todos los efectos. El 12 de octubre se firmaron cinco tratados adicionales
entre el gobierno brasilero y el Gobierno de la Defensa, con motivo del apoyo
brindado por Brasil:
- Un tratado de límites: Se establecía como límite el Río Cuareim, lo que significaba la renuncia definitiva a los territorios de las Misiones Orientales.
- Un tratado de “perpetua alianza”, consagrándole a Brasil el derecho de intervención en los asuntos internos.
- Un tratado de extradición, en donde Uruguay debía devolver a Brasil los esclavos brasileros fugados.
- Un tratado de comercio y navegación, por el cual se le reconocía a Brasil la libre navegación del Río Uruguay y se abolían los impuestos aduaneros a todas las importaciones de ganado en pie de Brasil.
- Un tratado de socorro, por el cual Brasil le prestaba a Uruguay 138.000 patacones y Uruguay reconocía una deuda de guerra de 300.000, en garantía del pago de la cual se tomaban como garantía las rentas públicas, especialmente las aduaneras.
2. Luego de la Guerra Grande: El fracaso de la “política de fusión” y los levantamientos colorados de 1853, 1855 y 1857-58
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| Juan Francisco Giró |
Sin embargo, la pugna entre los dos principales partidos se
acentuó. Uno de los factores que influyeron para esto fue el manejo de la renta
aduanera, que estaba administrada por un directorio mixto, compuesto por
representantes del Estado y capitalistas acreedores del mismo. El 30 de marzo
de 1852, Giró decretó que sólo el Estado administraría la Aduana,
arrebatándoles así a los acreedores la garantía que el Gobierno de la Defensa
les había otorgado. Estos comerciantes-capitalistas no se lo perdonarían. Otro
de los puntos de conflicto fue la rivalidad entre la Guardia Nacional, que
había sido fundada por Oribe, y el Ejército, predominantemente colorado y
liderado por Flores.
El 18 de julio de 1853 estalló el levantamiento colorado,
liderado por Melchor Pacheco y Obes y apoyado por los acreedores del gobierno. Giró
vivió entre julio y septiembre en total incertidumbre. Sus ministros le fueron
impuestos por los rebeldes. Al no poder dominar la situación, y forzado por su
ministro Venancio Flores, se asiló en la legación de Francia el 24 de
septiembre de 1853.
Para culminar el mandato del presidente constitucional, el
25 de septiembre se designó un triunvirato integrado por Flores, Rivera y
Lavalleja, pero la pronta muerte de Lavalleja el 22 de octubre, y la de Rivera
el 13 de enero de 1854, determinaron que en los hechos fuera Flores quien
ejerciera el poder real hasta el 12 de marzo de 1854, cuando fue elegido
presidente constitucional para completar el mandato de Giró hasta el 10 de
septiembre de 1855. En esa fecha, renunció al cargo debido a la “Rebelión de
los Conservadores” (un desprendimiento del propio Partido Colorado). En
noviembre de 1855, Oribe y Flores suscribieron el “Pacto de la Unión”, por el
cual ambos se comprometían a no presentarse a las siguientes elecciones y
apoyar a un candidato común, el cual fue Gabriel Antonio Pereira, quien asumió
el cargo el 1 de marzo de 1856.
El gobierno fusionista de Pereira (quien era de origen
colorado), hubo de enfrentarse a la Revolución de 1857-1858, comandada por
colorados que anteriormente habían fundado el Partido Conservador, y que se
saldó con la victoria del bando gubernamental y la Masacre de Quinteros (del 1
de febrero de 1858), en la que fueron fusilados unos 150 prisioneros.
El 1 de marzo de 1860 fue elegido Presidente de la República
Bernardo Prudencio Berro, político fusionista del Partido Blanco. En su
gabinete de gobierno destacó Luis de Herrera, abuelo de Luis Alberto de
Herrera, como Ministro de Guerra y Marina. Durante su gobierno se produjo la
recuperación económica del país luego de la Guerra Grande, hecho explicado en
gran medida por la introducción del ganado lanar. En línea con su política
fusionista, su gobierno prohibió y castigó el uso público de divisas
partidarias.
3. La revolución colorada de 1863-1865, la invasión brasileña en apoyo de Venancio Flores y el bombardeo a Paysandú
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| Bernardo Prudencio Berro |
De todas formas, el movimiento estaba destinado al fracaso
de no contar con los apoyos exteriores con los que contaba. Cuando finalizó el
gobierno de Berro y asumió el también blanco Atanasio Aguirre (el 1 de marzo de
1864), se produjo la intervención directa de Brasil y el conflicto se
internacionalizó. Tras asumir, Aguirre declaró: “No puede haber paz hasta la
destrucción o completa sumisión del enemigo a la ley”. En su gabinete se
destacó su Ministro de Relaciones Exteriores, Juan José de Herrera, padre de
Luis Alberto de Herrera.
Uno de los apoyos decisivos a la revolución de Flores vino
de Brasil. El 12 de octubre de 1864, fuerzas brasileñas al mando del general
José Luis Mena Barreto invadieron el país por Cerro Largo. El 20 de octubre, el
almirante Joaquim Marques Lisboa, barón de Tamandaré, formaliza la alianza con
Venancio Flores, estableciendo la cooperación entre las fuerzas brasileñas y
los colorados rebeldes. Hacia fines de noviembre de 1864, Flores, con ayuda
brasileña, logró tomar la ciudad de Salto y luego marchó hacia Paysandú.
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| Atanasio Aguirre |
El 6 de diciembre la escuadra de Tamandaré bloquea la ciudad
de Paysandú y, casi al mismo tiempo, Mena Barreto y Flores inician el sitio de
Paysandú. El 18 de diciembre, en respuesta a estos hechos, el presidente
Aguirre manda a quemar todos los tratados firmados con el Imperio del Brasil
por el Gobierno de la Defensa en 1851, en una ceremonia pública realizada en la
Plaza Independencia.
El 2 de enero de 1865 Paysandú fue finalmente tomada por la
coalición colorado-brasileña, después de un intenso bombardeo y de una
legendaria defensa. Sus defensores, encabezados por el general blanco Leandro
Gómez, fueron fusilados por orden del general colorado José Gregorio Suárez.
Casi al mismo tiempo, estallaba la Guerra de la Triple
Alianza, entre Paraguay, por un lado, y la triple alianza entre el Imperio del
Brasil, la Argentina mitrista y los colorados uruguayos, por el otro.
Una vez tomada Paysandú, el diplomático brasileño José María
da Silva Paranhos ordenó a las tropas ocupantes avanzar hacia Montevideo, y
Tamandaré estacionó sus barcos en el puerto de esa ciudad. El Ministro de
Guerra del gobierno blanco, Jacinto Susviela, era partidario de resistir, pero
el ala “pacifista” dentro del gobierno era partidaria de la capitulación para
evitar un sitio prolongado que pudiera dañar los intereses de la burguesía.
El gobierno de Aguirre, animado por las noticias de los
éxitos iniciales de los paraguayos en la guerra contra el Brasil y por el
levantamiento de algunos caudillos federales del interior argentino contra
Mitre, empezó a cavar trincheras para ofrecer resistencia a las fuerzas
imperiales. Aguirre era partidario de resistir hasta el fin, pero el 15 de
febrero terminaba su mandato constitucional, que quedó en manos del “pacifista”
presidente del Senado, Tomás Villalba. Da Silva Paranhos aceptó la virtual
rendición ofrecida por Villalba y el 20 de febrero de 1865 las tropas
brasileñas ingresaron a Montevideo. Flores tomó el poder como dictador y su
primera medida fue derogar la decisión de Aguirre de anular los tratados de
1851. El 1 de mayo de 1865 Flores firmó el tratado de la Triple Alianza con
Brasil y Argentina, para llevar en conjunto la guerra contra el Paraguay.
4. La hegemonía colorada
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| Venancio Flores |
El Partido Blanco no concurrió a las elecciones de noviembre
de 1867, porque entendía que no había garantías. Flores, al terminar su
mandato, entregó el gobierno al también colorado Pedro Varela, presidente del Senado,
el 15 de febrero de 1868. El 19 de febrero los blancos se levantaron contra el
gobierno. Al mando de Bernardo Berro, tomaron la casa de gobierno, al grito de
“¡Abajo el Brasil!” y “¡Viva la independencia oriental y la del Paraguay!”.
Pero la rebelión fracasó, y Berro trató de huir. Mientras tanto, el
expresidente Venancio Flores era asesinado. Berro fue apresado y llevado al
Cabildo. Ignoraba el asesinato de Flores. Fue sometido a vejámenes y asesinado.
Su cadáver fue degollado y paseado por las calles de Montevideo. El 1 de marzo
asumiría el poder Lorenzo Batlle (1868-1870), el primer presidente
perteneciente a la “dinastía” colorada de los Batlle, y padre del famoso José
Batlle y Ordóñez.
4.a. Timoteo Aparicio y la Revolución de las Lanzas
| Timoteo Aparicio |
Desalojados del poder por la fuerza de las armas extranjeras
y perseguidos por el régimen dictatorial del Partido Colorado, los blancos
emigraron. El litoral argentino, sobre todo la provincia de Entre Ríos, albergó
a cerca de 25.000 orientales. Los blancos comprendieron que la única forma de
volver a su país, no ya a recuperar el poder, sino a ganar el derecho a vivir
en él en paz, era la vía del levantamiento armado.
El 4 de marzo de 1870, en la ciudad de Concordia, Entre
Ríos, los conjurados firmaban el acta de compromiso, en la cual acordaban
iniciar el movimiento armado. Al día siguiente unos 40 revolucionarios cruzaban
el río Uruguay a la altura del departamento de Salto, y emitían una proclama en
donde se proponían devolver a todos los ciudadanos, sin distinción de partidos,
el derecho a elegir a sus gobernantes en un clima de respeto a las garantías
constitucionales.
El 10 de agosto, cinco meses más tarde, cruzó el río Uruguay
y desembarcó en Playa de la Agraciada el general Anacleto Medina, quien de
inmediato unió sus fuerzas. El manifiesto emitido por Medina tenía las mismas
características que el de Timoteo Aparicio, pero insistía más en el carácter
nacional, suprapartidista del movimiento.
En agosto de 1870 las fuerzas revolucionarias tomaron la
ciudad de Mercedes. El 6 de septiembre Timoteo Aparicio sitió la ciudad de
Montevideo. El 12 de septiembre se le unieron las fuerzas de Anacleto Medina,
totalizando así unos 4000 hombres y obteniendo así su primera victoria en la
Batalla de Paso Severino. El 29 de septiembre volvieron a triunfar los blancos
sobre las fuerzas gubernistas en la Batalla de Corralito. Poco después se
incorporarían a las fuerzas revolucionarias los escritores Agustín de Vedia y
Francisco Lavandeira, quienes, gracias a una imprenta portátil, iniciaron la
edición de un periódico de propaganda llamado “La Revolución”.
El 26 de octubre los rebeldes sitiaron Montevideo por
segunda vez. El 29 de noviembre se apoderaron de la Fortaleza del Cerro.
Durante este sitio, que duró hasta el 16 de diciembre, se sumaron a las filas
revolucionarias muchos jóvenes, como el escritor Eduardo Acevedo Díaz, de 19
años. De su pluma salieron las páginas más dramáticas escritas sobre la guerra
civil.
El 16 de diciembre, Timoteo Aparicio levantó el sitio para
salir al encuentro del ejército gubernista al mando de Gregorio Suárez, que
avanzaba desde el norte en auxilio de la capital. Aparicio lo sorprendió
estacionado en el arroyo Solís Grande, y esperaba destrozarlo al día siguiente,
pues tenía fuerzas superiores. Pero Suárez, en lo que se considera una hazaña
militar, escapó por la noche del cerco, pasando sigilosamente al lado de los
propios revolucionarios, y marchó hacia Montevideo.
A partir de ese momento la suerte de la guerra cambió. El 25
de diciembre de 1870, Suárez derrotó a Aparicio en la Batalla del Sauce. Suárez
ordenó, después de la batalla, que todos los prisioneros y heridos fueran
degollados, se cree que en un número cercano a 600. Los revolucionarios blancos
marcharon hacia el norte, instalándose en Durazno.
Bastante tiempo les llevó a los jefes revolucionarios
rearmar sus fuerzas después de la derrota de Sauce. Recién el 17 de junio de
1871 se produjo el encuentro que ambos bandos habían eludido hasta el momento:
la Batalla de Manantiales, en el departamento de Colonia, en donde las fuerzas
del gobierno, conducidas por Enrique Castro, derrotaron completamente a los
revolucionarios.
Pero la derrota de Manantiales no extinguió el movimiento
revolucionario. Se seguían suscitando diversos combates en múltiples lugares,
como el Combate de Paso de los Loros de Arroyo Grande, el 29 de octubre de
1871, en donde fue muerto el coronel colorado Gil Aguirre.
La paz se concretó poco tiempo después. En noviembre de 1871
se iniciaron conversaciones con mediación del gobierno argentino. El veterano
diplomático Andrés Lamas asistió en representación del gobierno colorado. El 22
de febrero de 1872 se firmó un acuerdo sobre la base de una amnistía general,
elecciones limpias y la provisión a los blancos de jefes políticos en 6 de los
entonces 13 departamentos. Pero el gobierno de Batlle declaró que Lamas había
“ultrapasado sus atribuciones” y anuló el pacto.
Pero el 1 de marzo de 1872 finalizó el mandato presidencial
de Lorenzo Batlle, quien fue sustituido interinamente por el presidente del
Senado, Tomás Gomensoro. Éste reanudó las conversaciones de paz y el 6 de abril
se firmó, sobre la base del acuerdo de febrero, la llamada “Paz de abril”, en
la que el gobierno concedía a los blancos la jefatura política de cuatro
departamentos: Cerro Largo, Florida, Canelones y San José.
Pareció abrirse así un ciclo de paz y relativo reparto del
poder entre los dos grandes partidos tradicionales. Pero a partir de 1876
comenzaría el largo ciclo del militarismo, establecido por muchos jefes
colorados que habían peleado en la Revolución de las Lanzas, como Lorenzo
Latorre y Máximo Santos, y que no era otra cosa que una dictadura encubierta,
que no haría más que agravar los odios partidistas, los cuales estallarían al
final del ciclo, ya no con lanzas y boleadoras, sino con armas modernas, en las
contiendas civiles de 1897 y 1904.
Al finalizar la Revolución de las Lanzas, el Partido Blanco
cambió su nombre por el de “Partido Nacional”, quizás inspirados por la
proclama de Anacleto Medina durante la revolución: “Nuestro partido es el gran
partido nacional, formado por todos los buenos orientales”.
Sus reclamos siempre fueron los mismos: honestidad administrativa
y limpieza electoral. Un gobierno y un Estado para todo el país, frente al
exclusivismo burocrático-doctoral y militar del coloradismo. Un gobierno y un
Estado en los que pudiera tener participación el partido derrocado por la
intervención extranjera, y no sólo el partido entronizado por ella.
4.b. Aparicio Saravia y la Revolución de 1897
El período del “militarismo” llegó a su fin en torno a 1890, el terminar la presidencia de Máximo Tajes. Lo sucedió Julio Herrera y Obes, que inauguró la etapa “civilista” de la administración del país, aunque sin dejar atrás las prácticas autoritarias y exclusivistas de su partido en el manejo del poder. La práctica del fraude era abierta y generalizada, y en respuesta a ella, el Partido Nacional efectuó una política de abstención electoral, por ejemplo, en las elecciones legislativas de noviembre de 1890. La práctica fraudulenta de los colorados en el poder tuvo su legitimación teórica con la doctrina de la “influencia directriz”, enunciada precisamente durante el gobierno de Herrera y Obes, según la cual era el presidente quien debía designar a su sucesor en el cargo.
Reducida a su mínima expresión la coparticipación pactada en
la “Paz de Abril” de 1872 (los blancos pasaron de tener cuatro de los trece
jefes políticos departamentales del país, a tener sólo tres de los diecinueve
existentes en 1890), los blancos se sintieron, una vez más, marginados y
comenzaron a preparar una nueva revolución.
Aparicio Saravia era un estanciero hijo de brasileños que
había participado, junto con sus hermanos, en la Revolución de las Lanzas, así
como también en la Revolución Federalista Riograndense en Brasil en 1893. Allí
se había ganado el grado de General. Durante la presidencia de Herrera y Obes,
en vista de las violaciones a los términos de la Paz de Abril por parte del
gobierno, Aparicio lideraría al Partido Nacional en el interior del país.
En 1894 llegó a su fin la presidencia de Herrera y Obes. En
el Senado, resultó electo para sucederlo Juan Idiarte Borda. Los blancos se
sintieron excluidos del gobierno y consideraron que los colorados habían
violado nuevamente los términos de la Paz de Abril.
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| Aparicio Saravia |
Comenzaron a formarse clubes políticos blancos que
propugnaban un levantamiento armado. Uno de ellos fue el Club “Gumersindo
Saravia”, fundado por los hermanos Antonio Florencio (llamado “Chiquito”) y
Aparicio Saravia, y que llevaba el nombre del hermano mayor de ambos, muerto
durante la Revolución Federalista Riograndense. El directorio oficial del
Partido Nacional, de hecho, se oponía a un levantamiento, al que calificaba de
“movimiento anárquico”.
En noviembre de 1896, mientras se realizaban elecciones para
integrar el Senado que debía elegir al sucesor de Idiarte Borda, Aparicio
comenzó el alzamiento. El 25 de noviembre leyó una proclama en la que llamaba a
los blancos a las armas contra un gobierno “que nos degrada ante propios y
extraños”. Pero cuando el presidente Idiarte Borda movilizó a las fuerzas
gubernamentales, los revolucionarios optaron por dispersarse el 8 de diciembre
de 1896. Saravia pasó al Brasil, y declaró que “la revolución recién empieza”.
Inició contactos con el caudillo riograndense João Francisco
Pereira de Souza, que le proporcionó armas y escondites, y reanudó sus
contactos con la “Junta de Guerra” blanca formada en Buenos Aires, encabezada
por Juan Golfarini y Duvimioso Terra, ante la cual envió a su hermano
“Chiquito”.
La Junta no veía en Saravia un jefe confiable, pero contaba
con el concurso de los coroneles José Núñez y Diego Lamas. Con esta base, la
Junta decidió dar armas y dinero a Saravia, y designarlo General en Jefe del
nuevo alzamiento.
El 5 de marzo de 1897, Saravia, acompañado de 383 hombres, ingresó
al territorio uruguayo desde el Brasil. Desde Entre Ríos, Argentina, ingresaron
casi al mismo tiempo tres columnas más: La de Diego Lamas, que contaba con 22
hombres (los legendarios “veintidós de Lamas”), entre los que se encontraba un
joven Luis Alberto de Herrera; la “Columna del Uruguay”, que integraban dos
escritores prestigiosos: Eduardo Acevedo Díaz y Carlos Roxlo, con 200 soldados;
y la de José Núñez, con 517 hombres.
Lamas se movió
hacia el norte, incorporando revolucionarios de San José y Flores, hasta reunir
700 hombres, y el 15 de marzo se encontró con José Núñez y sus tropas. Dos días
después, tropas del Ejército gubernamental atacaron a los revolucionarios en
las costas del Arroyo Tres Árboles, y sufrieron una grave derrota. La batalla
de Tres Árboles pasó a constituir uno de los elementos de culto de la historia
blanca, y la marcha partidaria del Partido Nacional hasta el día de hoy lleva
este nombre.
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| El escritor blanco Eduardo Acevedo Díaz |
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| El futuro caudillo blanco Luis Alberto de Herrera en la revolución de 1897 |
Entre tanto, el
19 de marzo, las tropas de Aparicio y “Chiquito” chocaron con las de Justino
Muniz, blanco traidor que comandaba el Ejército gubernista. “Chiquito” resultó
muerto en el encuentro.
El 28 de marzo,
la columna de Lamas (victoriosa) y la de Saravia (derrotada) se reunieron en
Tupambaé. Se sucedieron las batallas de Cerro Colorado, Cerros Blancos y
Guaviyú. Después los blancos tomaron la ciudad de Rivera y marcharon hacia
Salto. De nuevo en el noreste, se entabló la batalla de Aceguá. Luego hubo un
armisticio de diez días, fruto de conversaciones de paz.
El gobierno
recibía cada vez más presiones en busca de la paz. Se pronunció en ese sentido
una manifestación de 20.000 personas en Montevideo con la consigna “La paz a
cualquier precio”, así como también la Cámara Nacional de Comercio, la
Asociación Rural del Uruguay, las organizaciones estudiantiles, e incluso
algunos sectores del propio Partido Colorado, como el emergente líder José
Batlle y Ordóñez. El presidente Idiarte Borda, sin embargo, se mantuvo
intransigente. Pero cuando, el 25 de agosto, el joven Avelino Arredondo,
partidario de una facción rival del Partido Colorado, lo mató de un balazo, el
titular del senado, Juan Lindolfo Cuestas, se hizo cargo de la presidencia y de
inmediato reanudó las conversaciones de paz, las cuales culminaron con el
“Pacto de la Cruz”, del 18 de septiembre de 1897.
El pacto
establecía:
- La
renuncia a la lucha armada.
- Una
reforma electoral que permitiese una representación de las minorías.
- El
compromiso de elegir como Jefes Políticos departamentales a ciudadanos que
“ofrezcan amplias y eficaces garantías”.
- Una
amnistía que incluía la reposición en sus puestos de los que habían sido
destituidos por considerárselos vinculados al levantamiento.
- Una
indemnización de 200.000 pesos a los blancos.
- El
compromiso de adoptar medidas que apliquen en la realidad el principio de la
igualdad entre orientales.
Junto a estas cláusulas
escritas, se convino un acuerdo verbal por el cual seis Jefaturas Políticas
serían provistas directamente por el Partido Nacional.
Saravia dejó sus
tropas el 24 de septiembre, después de que el gobierno designara Jefes
Políticos blancos en los departamentos de Maldonado, Flores, Cerro Largo,
Treinta y Tres, Rivera y San José. El país quedó, de facto, dividido en dos
gobiernos: el “oficial” colorado desde Montevideo, y el de Saravia desde su
estancia de “El Cordobés”, dada la absoluta primacía que había adquirido como
caudillo de su partido. La situación política quedó congelada hasta la elección
de José Batlle y Ordóñez en 1903 y la consiguiente Revolución Blanca de 1904.
4.c. Aparicio Saravia y la Revolución de 1904
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| Aparicio Saravia en 1904 |
El departamento
de Rivera, fronterizo con Brasil, era una fuente estratégica de pertrechos
militares para el Partido Nacional, y este no se podía permitir perderlo, por
lo cual Saravia le ordenó al jefe político de Rivera que no entregara el poder,
y se dispuso a realizar una “protesta armada”, reuniendo a unos 15.000 hombres,
el 16 de marzo de 1903. Después de una dramática negociación, el 22 de marzo se
llegó a un acuerdo que evitó la guerra civil: el Pacto de Nico Pérez, según el
cual el Partido Nacional controlaría Rivera y otros cuatro departamentos, pero
Batlle designaría libremente al jefe político de San José. Batlle pasó el resto
de 1903 preparándose para una eventual guerra con los blancos: armó al Ejército
con modernos fusiles Mauser y ametralladoras Colt, así como también cañones
Canet de 75 mm.
El fronterizo
estado brasileño de Río Grande do Sul atravesaba en ese entonces por una situación
política tensa, con el enfrentamiento entre los federales y los centralistas, comandados
estos últimos por João Francisco Pereira de Souza. El 16 de marzo de
1903, los hombres de este último habían irrumpido en la ciudad uruguaya de
Rivera y habían destruido las instalaciones de dos periódicos publicados por
los federales riograndenses, asesinando a algunos de sus responsables. Saravia,
quien, como ya hemos visto, era amigo de Pereira de Souza, se molestó sin
embargo ante esta violación de la soberanía nacional, y decidió cambiar al jefe
político de Rivera por Carmelo Cabrera, para que no volviera a permitir un
episodio como este.
Sin embargo, el 1 de noviembre de 1903, hubo un incidente de
borrachos en el cual un ciudadano brasileño, llamado Gentil Gomes, que era
hombre de Pereira de Souza, cometió
varios desmanes. Como resultado de esto, Cabrera ordenó su encarcelamiento y el
de sus secuaces. Poco después, se reunieron en la frontera unos 400 hombres de Pereira
de Souza, encabezados por Ataliva
Gomes, quien era hermano del protagonista del incidente, exigiendo la
liberación de los detenidos. Cabrera intentó negociar con los brasileños,
liberando a todos los detenidos menos precisamente a Gentil Gomes. Ante la
negativa de Cabrera a liberarlo, los brasileños entraron en Rivera en actitud
francamente agresiva. Cabrera entonces telegrafió al presidente para informarlo
de la situación y pedir auxilio. Batlle ordenó no liberar a Gomes, y envió a
Rivera dos regimientos de caballería. Sin embargo, a medianoche, uno de los
custodios de Gomes lo puso en libertad y se fue con él a territorio brasileño. Con
ese hecho debió darse por concluido el incidente, pero el 2 de noviembre
entraron en Rivera los dos regimientos enviados por el gobierno. El día 3, el
directorio del Partido Nacional, presidido por Alfonso Lamas, pidió la retirada
de las tropas, dado que el motivo que había determinado su entrada a Rivera ya
estaba superado. El presidente se negó, alegando que era su derecho
constitucional enviar tropas a cualquier zona del país, e incluso ordenó a los
regimientos que estuviesen listos para combatir si se los intentaba expulsar
violentamente. Saravia se reunió entonces con Lamas y otros miembros del
directorio del Partido Nacional, y acordaron poner un plazo límite a la
presencia del Ejército en Rivera. Si para el 15 de enero no se habían retirado,
se le enviaría un ultimátum al presidente.
Batlle, quien
según el historiador Lincoln Maiztegui Casas consideraba propicio aquel momento
para librar una guerra, a la que veía como inevitable, decidió aprovechar la
coyuntura para provocarla y definir de una vez la tensa situación política. El
29 de diciembre comenzó a enviar tropas por todo el país, incluidos los
departamentos blancos. El directorio del Partido Nacional consideró entonces
anulados todos los acuerdos y Saravia dio órdenes de movilización, aunque
evitando de momento los enfrentamientos.
Entre el 1 y el 2
de enero se buscó por todos los medios un acuerdo que evitara nuevamente la
guerra civil. Batlle presentó entonces una propuesta el 3 de enero: si se
llegaba a un acuerdo electoral y los blancos se comprometían a no iniciar
acciones armadas, él retiraría las tropas. El 5 de enero, Aureliano Rodríguez
Larreta se entrevistó en Melo con Saravia, quien aceptó la propuesta
presidencial. Tres días después, el 8 de enero de 1904, el intermediario
comunicó al Ministro de Hacienda Martín C. Martínez que la paz era un hecho.
Pero cuando el ministro habló con el presidente, éste respondió con la frase
“Ya es tarde”. Este tajante veredicto significaba la guerra. De inmediato, la
policía comenzó a detener dirigentes blancos en todo el país. Los blancos
describían así la situación: “El gobierno se ha sublevado”.
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| José Batlle y Ordóñez |
El 9 de enero Aparicio atacó a una pequeña fuerza colorada, dispersándola
y marchando hacia el sur sobre las fuerzas de Justino Muniz. Batlle envió 6.000
hombres para respaldar a Muniz, produciéndose el 14 de enero el primer combate
de gran amplitud, la batalla de Mansavillagra. La gran capacidad de fuego de
las tropas coloradas destrozó las barricadas de Aparicio y este debió
retirarse. Durante siete días los blancos huyeron hacia Melo. El 21 de enero,
al frente de 15.000 hombres, Saravia atravesó la ciudad de Melo, luego dividió
a sus tropas en tres grupos y aparentó internarse en Brasil. Muniz envió al
gobierno noticias de victoria. Pero mientras este perseguía a Basilio Muñoz
hacia el norte, Saravia –más un guerrillero astuto que un buen jefe de ejército–
giró hacia el sur, atravesó a marchas forzadas Lavalleja y Florida, y llegó
hasta el río Santa Lucía. Los revolucionarios obtuvieron una sorpresiva
victoria en la batalla de Fray Marcos el 31 de enero, y el camino hacia
Montevideo pareció expedito.
En la capital cundió el pánico y Batlle ordenó cavar
trincheras en Paso Molino y reforzar la Casa de Gobierno. Pero la toma de
Montevideo no estaba en los planes de Saravia, pues las intactas tropas del
Ejército que estaban en el interior del país lo encerrarían fácilmente. En
lugar de eso, marchó hacia el litoral del río Uruguay, en procura de armas que
serían enviadas por la Junta de Guerra formada en Buenos Aires, esta vez con
respaldo del directorio partidario.
Saravia fue sorprendido por Muniz y derrotado en la batalla
de Paso del Parque el 2 de marzo. Perdió muchos hombres y pertrechos, pero
logró escapar. El 13 de marzo los revolucionarios ingresaron a la ciudad de
Rivera, donde se reorganizaron y reunieron 15.000 hombres. Pero sólo la mitad
estaban armados. Sus enemigos por su parte tenían 12.000 hombres con mejor
entrenamiento y equipo. Luego marcharon hacia el sureste, cruzaron el río
Negro, atravesaron los departamentos de Treinta y Tres, Florida y Lavalleja, y
el 13 de mayo ingresaron a Minas. Tras una escaramuza con Muniz en el paso de
los Carros del río Olimar Grande (20 de mayo), Saravia ordenó la retirada hacia
el norte.
Paralelamente, el presidente solicitó al gobierno de Estados
Unidos, a través de su embajador en Washington, Eduardo Acevedo Díaz, que
presionara a la Argentina para que evitara proveer de pertrechos a los
revolucionarios. Batlle tenía la convicción de que el presidente argentino,
Julio Argentino Roca, estaba haciendo la “vista gorda” ante las reiteradas
provisiones de armamento a los blancos desde territorio argentino. Además,
sentía una profunda admiración por el presidente de EE.UU. Theodore Roosevelt,
a quien consideraba “paladín esforzado de todas las causas justas”. Por ello no
dudó en solicitar la presencia de buques de guerra norteamericanos en el puerto
de Montevideo, a manera de disuasivo, para garantizar la neutralidad de la
Argentina en la guerra civil. Finalmente, las gestiones uruguayas rindieron
frutos, pero los barcos estadounidenses llegaron a Montevideo cuando la guerra
ya estaba acabada.
Acampado sobre el río Negro, Saravia envió una columna al
mando de Abelardo Márquez hacia Bella Unión, para que recogiese 1.700 fusiles y
250.000 cartuchos que la Junta de Guerra había logrado comprar en Buenos Aires.
Márquez cumplió el encargo, pero recibió del enviado de la Junta, Carlos Berro,
la orden de tomar la ciudad de Salto, que esperaban convertir en “capital
revolucionaria” para así obtener el reconocimiento internacional como bando
beligerante, en igualdad con el gobierno de Montevideo. Márquez fue rechazado
en Salto y el 6 de junio, en la batalla de Guayabos, perdió todo el armamento.
Saravia mantuvo el desastre en secreto, y después de una
reunión de jefes, se resolvió atacar directamente al Ejército de Galarza,
estacionado en Cerro Largo. La batalla de Tupambaé –más de 2.300 muertos y
heridos–, la más sangrienta de la guerra civil junto con la batalla de
Masoller, se peleó el 22 y el 23 de junio; a ambos bandos se les agotaron las
municiones y los blancos se retiraron.
Gregorio Lamas sostenía que la derrota por falta de armas y
municiones era inminente. Saravia envió entonces hacia el norte al grueso de su
desharrapado ejército, en busca de armas que proporcionaría João Francisco
Pereira de Souza y, al frente de una pequeña fuerza, emprendió una insólita
persecución de Galarza. Éste, escaso de armas y sin un conocimiento cabal de la
situación, no presentó batalla y continuó retirándose hacia el sur, hasta que
en el arroyo de las Pavas recibió pertrechos y dio la vuelta. Saravia giró
hacia el norte, para lo cual atravesó el río Negro sobre el paraje de Picada de
Osorio, en Cerro Largo.
Los blancos se reunieron en Rivera y marcharon hacia el
litoral del río Uruguay, donde debían recibir otra partida de armas. Ocuparon
Bella Unión el 20 de agosto y atravesaron el río Uruguay hacia la ciudad de
Monte Caseros, en la provincia de Corrientes, Argentina, en donde recogieron
1.288 fusiles, 700.000 cartuchos y dos viejos cañones Krupp. Con una moral muy
elevada, los blancos se aprestaron a librar un combate que podía ser decisivo:
en ese momento eran 6.500 hombres, a los que se sumaban unos 13.000 que poseían
apenas armas blancas y algunas viejas pistolas.
El 1 de septiembre los blancos decidieron combatir. Se
sentían más fuertes que nunca y probablemente deseaban mejorar su posición en
las negociaciones de paz. Sin embargo, la sangrienta batalla de Masoller, que
parecía favorable a los revolucionarios, derivó en la dispersión y posterior
derrota de los blancos después de que Saravia fuese herido en el vientre por un
disparo de Mauser mientras recorría el frente a unos 200 metros de las líneas
enemigas. Moriría nueve días después en territorio brasileño.
Cuando la tropa conoció la noticia, comenzó a dispersarse.
Los jefes riñeron entre sí y se llegó al extremo de ofrecerle el mando a João
Francisco Pereira de Souza, quien lo rechazó. Tampoco la delegación de un triunvirato
de caudillos —Basilio Muñoz, Juan José Muñoz y José González— pudo salvar la
situación. Aquel era un ejército saravista y, muerto Saravia, perdió su
cohesión y mística.
Finalmente, Basilio Muñoz firmó la Paz de Aceguá el 24 de
septiembre de 1904, que implicó una rendición; los sublevados obtuvieron
solamente una amnistía general y la vaga promesa de una reforma constitucional,
que recién se lograría en 1918. El resto de la tropa revolucionaria entregó las
armas el 9 de octubre en Nico Pérez, y a cambio recibió una pequeña
retribución.
La Revolución de 1904 fue la última “patriada” al estilo del
siglo XIX, y movilizó a un número elevadísimo de combatientes en un país que no
superaba el millón de habitantes. Manifestó la aspiración de los blancos de
gozar de garantías electorales –representación de minorías, voto secreto– y
transparencia administrativa. Tras la paz se inició el poderoso ciclo del “batllismo”,
que signó la historia del Uruguay durante al menos cinco décadas.
4.d. El liderazgo de Luis Alberto de Herrera
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| Un joven Luis Alberto de Herrera |
Batlle era un
“progresista” convencido. Una de sus políticas prioritarias fue la
secularización del Estado. En los años inmediatamente posteriores a la batalla
de Masoller, se prohibió el uso de crucifijos en los hospitales (1906), y se eliminaron
las referencias a Dios y a los Evangelios en los juramentos públicos. También
se promulgó la ley de divorcio (1907).
La primera
presidencia de Batlle finalizó en 1907. Este eligió como su sucesor a Claudio
Williman, quien asumió el 1 de marzo de ese año. La ley uruguaya prohibía que
los presidentes fueran reelegidos para dos mandatos consecutivos. Durante la
mayoría del tiempo que transcurrió entre sus dos mandatos, Batlle viajó por
Europa, recogiendo ideas para nuevas reformas políticas y sociales, que
aplicaría durante su segunda presidencia.
En 1911 resultó
electo para un segundo período. Fue en este mandato cuando introdujo la mayor
cantidad de reformas. En 1913 propuso una reforma constitucional cuya principal
característica era la creación de un gobierno colegiado para reemplazar a la
figura del presidente, a imitación de Suiza, creyendo que de esa manera se
neutralizarían las tentaciones autoritarias de un ejecutivo unipersonal. La
propuesta se enfrentó a una fuerte oposición, no sólo de los blancos, sino
también de muchos colorados, hasta que fue finalmente descartada en 1916. Pero
Batlle logró un acuerdo con una facción de los blancos para instaurar un
sistema mixto: el presidente conviviría con un “Consejo Nacional de
Administración”, que se encargaría de todas las funciones ejecutivas que no
fueran las relaciones internacionales, la seguridad interior o la defensa
nacional. Este “colegiado” encarnaba un mecanismo de coparticipación en el
poder, y consistía de nueve miembros: seis del partido mayoritario y tres del
minoritario.
Entre las
reformas socioeconómicas del batllismo en esta época estuvieron: la
indemnización por desempleo (1914), la jornada de trabajo de ocho horas (1915),
y la estatización del Banco Nacional (1911-1913), del Banco Hipotecario (1912)
y de los seguros (1911). También se estableció un sistema de protección
industrial, con tarifas de importación para la maquinaria y las materias
primas.
En cuanto a la
reforma constitucional, esta se concretó durante el gobierno de su sucesor,
Feliciano Viera. Durante el gobierno de este se realizaron elecciones para la
Asamblea Constituyente (1916), en donde los blancos obtuvieron la primera
minoría, con 105 diputados, seguidos por los colorados batllistas, con 87, y
los colorados antibatllistas, con 22. Además del gobierno mixto
presidencial-colegiado, la Constitución reformada incluía: la separación de la
Iglesia del Estado y la creación de un Estado laico; el cambio del nombre
oficial del país, de “Estado Oriental del Uruguay” a “República Oriental del
Uruguay” y una serie de derechos y garantías electorales: sufragio universal
para todos los hombres mayores de 18 años que no fueran soldados y voto
secreto. La nueva Constitución fue aprobada en referéndum en noviembre de 1917,
con un 95,15% de votos a favor, y entró en vigor el 1 de marzo de 1919. Era la
primera vez que los colorados en el poder otorgaban garantías efectivas a la
oposición.
La principal
figura del Partido Nacional en esos años, y también en las décadas siguientes,
fue Luis Alberto de Herrera, hijo del ya mencionado Juan José de Herrera. Herrera
nació en 1873 en Montevideo. A los 23 años participó en la Revolución de 1897.
Como ya hemos visto, fue uno de los “veintidós de Lamas”, que desembarcaron el
5 de marzo de 1897 en Puerto Sauce, Departamento de Colonia, para iniciar la
revolución. Narraría su experiencia durante la revolución en su primer libro, Por la patria, escrito en 1899.
En 1900 fundó el
diario La Democracia, junto a Carlos
Roxlo. Entre 1901 y 1904 estuvo en Estados Unidos como encargado de negocios de
Uruguay ante ese país y Canadá. En 1903 se recibió de abogado, aunque nunca
llegaría a ejercer la profesión. Participó también en la revolución blanca de
1904, y fue uno de los redactores del documento de la Paz de Aceguá. En 1905
fue electo diputado por Montevideo. En febrero de ese año, junto a Carlos
Roxlo, presentó un proyecto de limitación de la jornada laboral, que reducía a
esta a 11 horas (incluyendo dos de descanso). Este proyecto fue verdaderamente
pionero en su género en Uruguay; recordemos que la ley de jornada laboral de 8
horas, por la cual el batllismo es siempre reconocido, fue recién aprobada en
1915 (es decir, diez años después). Además, el proyecto de Herrera-Roxlo
trascendía a la simple limitación de las horas de trabajo, y constituía, en
verdad, un pequeño “Código del Trabajo”, que incluía medidas sobre contratos
(que recién legislaría el Uruguay batllista en 1944), sobre convenios
colectivos, sobre el derecho de huelga (que recién fue reconocido en la
Constitución de 1934, durante la dictadura del colorado Gabriel Terra), sobre
el descanso semanal obligatorio (que recién se votó en 1920), sobre
indemnización por accidentes de trabajo (que sólo se aprobó en 1914), y muchas
medidas de higiene y seguridad industriales. El capítulo 6 del proyecto
reglamentaba el trabajo de mujeres y niños, prohibiendo el empleo de menores de
12 años, y el trabajo nocturno de mujeres menores de 21 y hombres menores de
15. A pesar de todo, el proyecto no fue ni siquiera considerado en el Congreso.
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| Carlos Roxlo |
En los años
siguientes, Herrera fue el principal negociador blanco en la tarea de reformar
el sistema electoral. En 1907, el Partido Nacional se dividió entre
“conservadores” (partidarios del abandono de la lucha armada) y “radicales”. En
1910, la fracasada tentativa revolucionaria de Basilio Muñoz pareció confirmar
la postura de los “conservadores” de que la hora de la revolución armada había
pasado. Herrera se convirtió en líder de los “conservadores” dentro del partido.
Entre 1908 y
1911, fruto de la herencia documental de su padre, quien había sido
representante del gobierno de Bernardo Berro ante el Paraguay en 1862, y luego
Ministro de Relaciones Exteriores de ese mismo gobierno, Herrera escribió La diplomacia oriental en el Paraguay
(libro de dos tomos). En 1908 también contrajo matrimonio con Margarita Uriarte
Olascoaga, con quien tuvo una hija, María Hortensia, madre, a su vez, de Luis
Alberto Lacalle, que llegaría a ser Presidente de la República (1990-1995).
En 1910 escribió La Revolución Francesa y Sudamérica, y
en 1912 El Uruguay internacional. En
1914 viajó a Paraguay para reforzar viejos lazos históricos del Partido
Nacional con aquel país, y fue nuevamente electo diputado, esta vez por el
Departamento de Río Negro.
En 1915, ya
durante el gobierno de Feliciano Viera, apoyó la reforma constitucional en
gestación, lo que le valió la práctica ruptura con el sector mayoritario de su
partido en ese entonces. A partir de ese momento se convirtió en el líder
indiscutido de un sector partidario, que con el tiempo se conocería como “herrerismo”.
Ante las elecciones para la nueva Asamblea Constituyente de 1916, el Partido
Nacional se dividió en "lussichistas" (seguidores Arturo Lussich) y
"herreristas", lo que sería el preludio de ulteriores rupturas.
En 1916 fue
electo miembro de la Asamblea Constituyente que se reunió para reformar la
Constitución y, como ya hemos visto, esos comicios (los primeros con voto
secreto, una vieja reivindicación blanca) significaron la primera victoria
electoral blanca en 50 años, con el Partido Nacional obteniendo 105 de los 218
diputados de la Asamblea y 46,6% de los votos. En 1917 la nueva Constitución
fue sometida a referéndum y aprobada con el 95,15% de los votos, y entró en
vigor el 1 de marzo de 1919.
En 1920, Herrera
fue electo presidente del directorio del Partido Nacional. En 1921 el partido
sufriría su primera escisión, con la expulsión de Lorenzo Carnelli, blanco de
tendencias socialistas, admirador de los fundadores de socialismo utópico,
Owen, Fourier y Blanc, quien, a raíz de su expulsión, en 1925 fundaría el Partido
Blanco Radical. Carnelli, como Roxlo y el propio Herrera en sus inicios, puede
considerarse parte de una tendencia “obrerista” y socializante dentro del
Partido Nacional, preocupada por el mejoramiento del nivel de vida de los
trabajadores. Entre sus propuestas parlamentarias destacan: la Ley de Caja de
Jubilaciones, la Ley de trabajo nocturno, la Ley de vivienda decorosa, la de
prevención de accidentes de trabajo, la de descanso semanal, la de salario
vacacional y la de licencia obligatoria.
En las elecciones
presidenciales de 1922 (las primeras tras la entrada en vigencia de la nueva
Constitución, en 1919), Herrera fue por primera vez candidato a presidente,
obteniendo el 47,12% de los votos y siendo derrotado por escaso margen ante el
colorado José Serrato, que obtuvo el 50,05%. En 1925 le tocó integrar el
Consejo Nacional de Administración, organismo de gobierno “colegiado” creado
por la Constitución de 1918, presidiendo el mismo entre 1925 y 1927.
Compitió por
segunda vez por la presidencia en las elecciones de 1926, en donde la escisión
de Carnelli de 1925 le costó a Herrera la derrota por estrechísimo margen:
48,41% frente al 48,96% de los colorados, con lo cual, si el Partido Blanco
Radical de Carnelli, que obtuvo el 1,33%, hubiera concurrido bajo el mismo lema
que el Partido Nacional (en Uruguay regía la “Ley de lemas” desde 1910), los
blancos hubieran ganado.
Ese mismo año,
también gracias al legado de su padre, de quien había heredado valiosos
documentos históricos, escribió su libro El
drama del 65: La culpa mitrista, acerca del papel del gobierno argentino de
Mitre en la revolución colorada de Venancio Flores de 1863-1865.
En 1927 viajó a
Londres en misión diplomática de cortesía. Allí recopiló información relativa a
las gestiones de lord John Ponsonby tras la Guerra del Brasil (las cuales
determinaron la creación de Uruguay como estado independiente en 1828), lo que
más tarde se convertiría en su libro historiográfico, La misión Ponsonby, publicado en 1930.
Ese mismo año
perdió por tercera vez las elecciones presidenciales frente a Gabriel Terra,
quien asumió el 1 de marzo de 1931.
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| Gabriel Terra |
También en 1931,
Herrera funda el diario El Debate. En
1932 regresó al Paraguay para respaldar a ese país durante la Guerra del Chaco,
por lo cual el gobierno paraguayo le otorgó el grado de General.
El 31 de marzo de
1933, el presidente Terra dio un autogolpe e instauró una dictadura de
influencias fascistizantes, a la moda política de la época. Herrera coincidía
con Terra en la necesidad de modificar la Constitución de 1918 y cambiar el
poder ejecutivo bicéfalo, que consideraba inoperante. Por lo mismo, Herrera apoyó
el autogolpe de Terra, a pesar de la filiación colorada de este. Terra decretó
la disolución del parlamento y del Consejo Nacional de Administración, y
sustituyó al primero por una “Asamblea Deliberante”.
En 1934 se reformó la Constitución. Se suprimió el Consejo Nacional de Administración, se creó el cargo de vicepresidente y se reformó la integración de Senado, creándose el “Senado de 15 y 15” o “Senado de medio y medio” (el Senado uruguayo aún hoy está compuesto por un total de 30 miembros), ideado para otorgarle la mitad de los senadores a cada uno de los dos sectores políticos más votados. También se incluyó en la reforma constitucional la protección del derecho al trabajo y a la justa remuneración, se incorporó la noción de “derechos de autor”, se le dedicó una sección a los “Entes autónomos y servicios descentralizados” (es decir, las empresas estatales) y se limitó la llegada de inmigrantes que adolecieran de “defectos físicos, mentales o morales”. Esta nueva Constitución fue aprobada en referéndum el 19 de abril de 1934, con un 95,75% de los votos. Herrera fue, en esta época, constituyente (elegido durante las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1933) y senador.
En 1934 se reformó la Constitución. Se suprimió el Consejo Nacional de Administración, se creó el cargo de vicepresidente y se reformó la integración de Senado, creándose el “Senado de 15 y 15” o “Senado de medio y medio” (el Senado uruguayo aún hoy está compuesto por un total de 30 miembros), ideado para otorgarle la mitad de los senadores a cada uno de los dos sectores políticos más votados. También se incluyó en la reforma constitucional la protección del derecho al trabajo y a la justa remuneración, se incorporó la noción de “derechos de autor”, se le dedicó una sección a los “Entes autónomos y servicios descentralizados” (es decir, las empresas estatales) y se limitó la llegada de inmigrantes que adolecieran de “defectos físicos, mentales o morales”. Esta nueva Constitución fue aprobada en referéndum el 19 de abril de 1934, con un 95,75% de los votos. Herrera fue, en esta época, constituyente (elegido durante las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1933) y senador.
En las elecciones
presidenciales de 1938, Herrera no fue candidato, siendo la fórmula herrerista
la de Juan José de Arteaga y Carmelo Cabrera. En esas elecciones, resultó
ganador Alfredo Baldomir, cuñado de Terra, con un 61,4% de los votos, mientras
que el Partido Nacional recibió el 32,1%.
Durante la
dictadura de Terra, se disolvió el Partido Blanco Radical. No así el Partido
Nacional Independiente, que fue quizás el principal opositor.
En 1942, Baldomir
dio también un autogolpe y abolió la Constitución de 1934, reemplazándola por
una nueva que eliminaba el “Senado de medio y medio” y liquidaba el esquema de
poder que Herrera había montado con Terra. En las elecciones de noviembre de
1942, Herrera fue candidato a la presidencia por cuarta vez, pero fue derrotado
por amplísimo margen.
Durante la
presidencia de Baldomir, al estallar la Segunda Guerra Mundial, Herrera adoptó
una posición favorable a los Aliados, pero neutralista. Se opuso firmemente a
que Uruguay entrara en el conflicto. En 1940, cuando el canciller Alberto Guani
comenzó a negociar la instalación de una base naval estadounidense en Punta del
Este, Herrera y el Partido Nacional opusieron una firme resistencia. Esta
actitud significó que fueran acusados de simpatizar con el Eje, particularmente
por parte del Partido Comunista. Tras el autogolpe de Baldomir de febrero de
1942, que contó con el apoyo del batllismo y del nacionalismo independiente
(contubernio que se repetiría posteriormente bajo la presidencia de Juan José
de Amézaga, quien en 1945 nombraría canciller al nacionalista independiente
Eduardo Rodríguez Larreta), el Partido
Comunista apoyó las medidas tomadas por Baldomir y pidió la cárcel para Herrera
y la clausura de El Debate.
El intento yanqui
de establecer bases militares en Uruguay, que se repetiría en 1944 bajo la
presidencia de Amézaga, estaba directamente vinculado a la estrategia
estadounidense de hostigamiento en contra del gobierno militar argentino de la
Revolución de 1943, reacio a doblegarse ante sus mandatos. En noviembre de
1945, en medio de la injerencia yanqui en la campaña presidencial de Argentina
contra el meteórico ascenso de Juan Domingo Perón, el nuevo canciller uruguayo,
Eduardo Rodríguez Larreta, había lanzado una doctrina que pretendía habilitar
la intervención “panamericana” en cualquier país de América en donde se dieran
gobiernos de corte “totalitario”. Esto era una obvia referencia al gobierno
militar argentino, y no una doctrina contra los numerosos gobiernos
autoritarios que pululaban en el Caribe y que eran aliados dóciles de EE.UU. En
esa coyuntura, Herrera y el Partido Nacional fueron firmes opositores a la
política colorada y defendieron la neutralidad de Uruguay.
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| Juan José de Amézaga |
Luego del triunfo
final de Perón en Argentina, en las elecciones del 24 de febrero de 1946,
comenzó virtualmente en Uruguay la campaña para las elecciones del 24 de
noviembre de ese año. En esas elecciones, Herrera fue candidato presidencial
por quinta vez, siendo derrotado por amplio margen ante Tomás Berreta, pero
recuperando posiciones. Del 22% de 1942, pasó a un 32%. En agosto de 1947
falleció el presidente Berreta, que fue reemplazado por Luis Batlle Berres,
iniciador del “neobatllismo”, sobrino de José Batlle y Ordóñez y padre del
futuro presidente Jorge Batlle (2000-2005). Durante la presidencia de Batlle
Berres, se dio un período conocido como “la coincidencia”, entre 1947 y 1950,
en el que Herrera apoyó las reformas de Batlle. En este período se nacionalizan
los ferrocarriles, las aguas corrientes, los tranvías, las instalaciones
portuarias y los frigoríficos extranjeros, en concordancia con las reformas
nacionalistas-populistas que estaban llevando adelante otros gobiernos en la
región, como el de Perón en Argentina o el de Getúlio Vargas en Brasil.
Al final de la
presidencia de Batlle Berres, se realizaron las elecciones presidenciales de
1950, en las cuales Herrera fue candidato a presidente por sexta vez, siendo
nuevamente derrotado, esta vez por la fórmula encabezada por Andrés Martínez
Trueba, que obtuvo un 52,61% frente a un 30,93% de Herrera. Sin embargo, su
fino olfato político había llevado a Herrera a abandonar la “coincidencia” a
tiempo y a aliarse con sectores colorados conservadores, representados
justamente por Martínez Trueba. El herrerismo logra un pacto con el nuevo
gobierno, con el objetivo de quitarle influencia a Batlle Berres, por el cual
se reforma nuevamente la Constitución, instaurando un gobierno colegiado en
reemplazo de la figura del presidente. El colegiado, llamado oficialmente
“Consejo Nacional de Gobierno”, era presidido de manera anualmente rotativa por
uno de sus miembros. Seis de ellos correspondían al partido mayoritario,
mientras que tres correspondían al minoritario. La nueva Constitución fue
aprobada en referéndum en 1951 con un 54% de los votos y estuvo en vigencia
durante 15 años, hasta que, por un plebiscito coincidente con las elecciones de
1966, se volvió al sistema presidencialista.
Aprobada la
reforma, Herrera compitió en las elecciones de 1954, después de sufrir la
escisión del Movimiento Popular Nacionalista liderado por Daniel Fernández
Crespo. En ellas, el lema blanco obtuvo 35,24%, frente a un 50,55% del
colorado. Herrera fue integrante del Consejo Nacional de Gobierno por la
minoría entre 1955 y 1959.
En 1956 comenzó a
reunificarse el Partido Nacional. Tras arduas negociaciones entre integrantes
de la lista “Reconstrucción Blanca” (sector escindido del Partido Nacional
Independiente, y liderado por los hermanos Washington y Enrique Beltrán), el
Movimiento Popular Nacionalista y el propio Partido Nacional Independiente, se
logró la unificación en la llamada “Unión Blanca Democrática”, que reingresa al
Partido Nacional como sublema.
En las elecciones
generales de noviembre de 1958, el herrerismo pactó con la Liga Federal de
Acción Ruralista, de Benito Nardone, creada en 1951. Estas elecciones
resultaron ser históricas, ya que el Partido Nacional se alzó con la victoria,
rompiendo con 93 años ininterrumpidos de hegemonía colorada. El lema blanco
obtuvo 49,68% de los votos, frente a un 37,7% del lema colorado. El 1 de marzo
de 1959 asumió el poder el llamado “Primer colegiado blanco”. Herrera, quien no
integró la lista del herrerismo, fallecería poco después, el 8 de abril de
1959, a los ochenta y cinco años.
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| Luis Alberto de Herrera |
Su
antiimperialismo significaba, sobre todo, como no podía ser de otra manera en
América, oposición al imperialismo yanqui, en plena época de la política del
“Gran garrote”. Desde Uruguay, Herrera fue testigo de la Guerra
Hispano-Estadounidense que terminó en la ocupación yanqui de Cuba entre 1899 y
1902, de la intervención estadounidense en Panamá para separarla de Colombia en
1903, de la ocupación militar de Cuba en 1906, de la ocupación de Nicaragua en
1912, la de Haití en 1915, la de República Dominicana en 1916 y muchas otras y,
al igual que muchos de la generación del 1900 en Hispanoamérica, advirtió el
peligro yanqui desde un principio. Herrera apoyó la causa de Sandino en
Nicaragua, calificándolo como “romántico defensor de las libertades” y “héroe
continuador de la obra de los grandes libertadores – Washington, Bolívar, San
Martín, Artigas, Sucre”.
Su aversión al
imperialismo yanqui, no se convertía, sin embargo, en “antiyanquismo”, y, de
hecho, fue un gran admirador del liberalismo estadounidense y de las
instituciones de ese país. Admiró a Thomas Jefferson, Benjamin Franklin,
James Madison, George Washington y Alexander Hamilton, y negó la influencia
positiva de la Revolución francesa en las independencias hispanoamericanas, en
favor de la influencia de la Revolución estadounidense.
En cuanto a su concepción económica, era un político liberal
y antiestatista, lo que puede leerse como oposición al “Uruguay de
planificación batllista”, un país donde existía un Estado hipertrofiado, con
una industria subsidiada. Fue un crítico acérrimo de la “artificialidad” del
proceso de industrialización uruguayo, y mostró una desconfianza visceral hacia
los impuestos, convocando más de una vez a la rebelión fiscal, que él llamaba
“huelga de los bolsillos cerrados”. Además, era anticentralista. Influido por
la obra de Alexis de Tocqueville, La
democracia en América, destacó el modelo autonómico, descentralizado y
federal de EE.UU., frente al centralismo francés que Uruguay había copiado. La
propuesta de Herrera era un país con autonomías locales autosuficientes, en vez
de la demografía, infraestructura e instituciones tan concentradas en la
macrocefálica capital.
5. La ruptura de la hegemonía colorada y los dos colegiados blancos
Pero volviendo a donde nos habíamos quedado, a partir de la victoria blanca de 1958, el sistema político tradicional uruguayo, tal como había funcionado hasta entonces, comienza a descomponerse aceleradamente. La influencia de la Revolución Cubana, casi coincidente con la asunción del primer colegiado blanco, también tuvo mucho que ver con esto.
La gestión económica del primer colegiado blanco se
caracterizó por ser absolutamente liberal, terminando con la política
proteccionista e industrialista del batllismo. Juan Eduardo Azzini fue
designado Ministro de Hacienda, y desde esa posición promovió la Ley de Reforma
Monetaria y Cambiaria de diciembre de 1959, que liberalizaba el tipo de cambio,
devaluaba el peso y establecía la libre importación, generando una balanza
comercial deficitaria y obligando así a recurrir al endeudamiento externo.
Así fue como el gobierno blanco llegó a firmar la primera
“Carta de intención” con el Fondo Monetario Internacional, en septiembre de
1960. Uruguay era miembro fundador del FMI, pero hasta ese momento no había
recurrido a sus préstamos. El FMI asiste a los países miembros que presentan
problemas financieros concediendo préstamos denominados “stand-by”, que exigen
la aplicación de ciertas medidas económicas que se estipulan en una “Carta de
intención”. Así, en la primera “Carta de intención” firmada por Uruguay, se
declaraban como objetivos del gobierno la liberalización del comercio, la
estabilidad de la moneda y el equilibrio presupuestario. Como consecuencia de
este acuerdo, se duplicó la deuda externa del país.
Por discrepancias profundas con estas políticas, se produjo
la renuncia del Ministro de Industria y Trabajo, el herrerista Enrique Erro, en
enero de 1960, y su escisión del Partido Nacional, con la llamada “Lista 41”. En
1962 la Lista 41 de Erro pasó a conformar la nueva “Unión Popular”, junto con
el Partido Socialista (entonces bajo el liderazgo del socialista nacional y
popular Vivian Trías) y la agrupación de independientes llamada “Nuevas Bases”,
la cual incluía a gente tan destacada de la intelectualidad uruguaya como
Alberto Methol Ferré, Carlos Real de Azúa, Guillermo Vázquez Franco, Helios
Sarthou y José de Torres Wilson, entre otros. En las elecciones generales de
noviembre de ese mismo año, la Unión Popular se presenta, obteniendo el 2,31%
de los votos y dos diputados.
Pero no fue Erro el único herrerista que se escindió del
Partido Nacional por ese entonces. Ariel Collazo, que desde 1951 había militado
activamente en el partido, atraído por el liderazgo nacionalista y
antiimperialista de Herrera, y que había sido electo diputado para el período
1959-1963, funda, en abril de 1961, el Movimiento Revolucionario Oriental, y,
en 1962, con este movimiento, participa de la fundación del Frente Izquierda de
Liberación (FIDEL), junto con el Partido Comunista, para comparecer también en
las elecciones de ese año. La influencia de la Revolución Cubana ya se hace
notar en el sistema político uruguayo. Antes de fundar el MRO, Collazo había
visitado Cuba en 1960 y había quedado “enamorado” de la Revolución. En las
elecciones antes mencionadas, el FIDEL obtiene tres diputados y un senador.
Otra novedad en esas elecciones fue el Partido Demócrata
Cristiano, formado ese mismo año por sectores “progresistas” del partido
católico Unión Cívica. También surgió, en el seno del Partido Colorado, la
Lista 99 “Por el gobierno del pueblo”, de Zelmar Michelini, por desavenencias
de éste con el resto del partido acerca de las causas de la derrota colorada en
1958. Este sector será de orientación claramente socialdemócrata, y en 1971
participará en la fundación del Frente Amplio.
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| Eduardo Víctor Haedo (centro) con el presidente argentino Arturo Frondizi (segundo desde la derecha) en 1960 |
En las elecciones de 1962 hubo un claro predominio de los
dos partidos tradicionales, pero con los síntomas de descomposición del sistema
político tradicional que recién hemos enumerado. Los blancos resultaron
ganadores nuevamente, con 46,54% de los votos. El nuevo Consejo Nacional de
Gobierno, conocido como el “segundo colegiado blanco”, asumió el poder el 1 de
marzo de 1963.
El desarrollo del sistema bancario tras la Ley de Reforma
Monetaria y Cambiaria determinó el auge de la especulación, que se dio, por
ejemplo, en la compra-venta de moneda extranjera y en la fuga de capitales. La
inflación no pudo ser contenida, y superó el 50% anual entre 1963 y 1966. El
agravamiento de la situación económica desembocó en el “crac bancario” de 1965,
con la quiebra del Banco Transatlántico, que arrastró con su caída a otros
bancos. Luego de esto, la especulación continuó desarrollándose. Se produjo una
nueva devaluación de la moneda, que llevó al dólar de $24 a $59,90, trayendo
como consecuencia el aumento de la inflación.
El segundo colegiado blanco también hubo de enfrentarse a
los inicios de la actividad de la guerrilla urbana Tupamaros, que se
profundizaría a fines de los años ’60. Toda esta situación llevó al
planteamiento de una nueva reforma constitucional, ya que muchos consideraban
que el gobierno colegiado era inoperante para enfrentar la crisis. En las
elecciones generales de 1966, se presentaron a consideración de los votantes
cuatro proyectos de reforma constitucional, que fueron identificados con el
color de las hojas de votación: gris, rosada, amarilla y naranja (que resultó
ganadora).
También se fue dando el silencioso ascenso de militares con
ideas golpistas, como el general Mario Aguerrondo, perteneciente al Partido
Nacional, cuyo ascenso fue resistido, a pesar de esto, por el presidente del
Consejo Nacional de Gobierno en 1965, Washington Beltrán Mullín.
6. El “pachecato” y la dictadura cívico-militar
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| Jorge Pacheco Areco |
Gestido asumió la presidencia el 1 de marzo de 1967, pero
murió el 6 de diciembre del mismo año, siendo reemplazado por su
vicepresidente, Jorge Pacheco Areco. Durante las presidencias de ambos se
aceleraría el proceso de descomposición del sistema político tradicional
uruguayo que desembocaría en el golpe de 1973.
Gestido devalúa una vez más el peso e implanta la ley marcial. Pacheco Areco utilizó las “medidas prontas de seguridad” para reprimir las agitaciones sociales. Durante su mandato ocurre el famoso asesinato, por parte de la policía, del estudiante Líber Arce (el 14 de agosto de 1968), se censuran los medios de prensa y se prohíben partidos políticos de izquierda como el Partido Socialista. Además, se recrudecieron las acciones de la guerrilla Tupamaros, por lo cual, en 1971, se encomendó a las FFAA la lucha “antisubversiva”. En el plano económico, se aplicaron medidas de congelamiento de precios y de salarios, y se creó la “COPRIN” para regularlos. Pacheco Areco no tuvo éxito en imponer una reforma constitucional para su reelección, por lo cual fue designado para sucederlo el entonces Ministro de Ganadería y Agricultura, Juan María Bordaberry.
Gestido devalúa una vez más el peso e implanta la ley marcial. Pacheco Areco utilizó las “medidas prontas de seguridad” para reprimir las agitaciones sociales. Durante su mandato ocurre el famoso asesinato, por parte de la policía, del estudiante Líber Arce (el 14 de agosto de 1968), se censuran los medios de prensa y se prohíben partidos políticos de izquierda como el Partido Socialista. Además, se recrudecieron las acciones de la guerrilla Tupamaros, por lo cual, en 1971, se encomendó a las FFAA la lucha “antisubversiva”. En el plano económico, se aplicaron medidas de congelamiento de precios y de salarios, y se creó la “COPRIN” para regularlos. Pacheco Areco no tuvo éxito en imponer una reforma constitucional para su reelección, por lo cual fue designado para sucederlo el entonces Ministro de Ganadería y Agricultura, Juan María Bordaberry.
El 5 de febrero de 1971 finalmente se materializa el proceso
de cambio en la política uruguaya, con la creación del Frente Amplio. En este
confluyeron partidos de izquierda como el Partido Comunista y el Partido
Socialista, el Partido Demócrata Cristiano y algunos sectores de izquierda
menores, junto con grupos y personas de origen colorado y blanco. Por el lado
colorado estuvieron los generales Líber Seregni (su líder) y Víctor Licandro,
el movimiento “Pregón” de Alba Roballo y la Lista 99 de Zelmar Michelini,
mientras que por el lado blanco estuvieron el movimiento “Patria Grande” (ex
Unión Popular) de Enrique Erro; el ya mencionado Ariel Collazo con la Lista
1811; el antiguo militante del Movimiento Popular Nacionalista y antiguo
Ministro de Salud Pública durante el segundo colegiado blanco, Francisco
Rodríguez Camusso, dentro de la Lista 1001 encabezada por el Partido Comunista;
y el subdirector del semanario Marcha
y antiguo miembro fundador de la Agrupación Nacionalista Demócrata Social,
Julio Castro. Además, estuvo el intelectual herrerista Alberto Methol Ferré
integrando el grupo de asesores del general Líber Seregni.
Mención aparte merece el semanario Marcha. Fundado en 1939 por un blanco, Carlos Quijano, antiguo
fundador y líder de la Agrupación Nacionalista Demócrata Social, hasta 1958 fue
una publicación afín al Partido Nacional, pero con el tiempo se convertiría en
un faro intelectual de la izquierda uruguaya. Entre sus colaboradores
estuvieron Julio Castro, Sarandy Cabrera, Arturo Ardao, Alfredo Mario Ferreiro,
Hugo Alfaro, Homero Alsina Thevenet, Carlos Martínez Moreno, Manuel Flores
Mora, Carlos Real de Azúa, Mario Benedetti, Pablo Mañé Garzón, Álvaro Castillo,
Eduardo Galeano, Adolfo Gilly, Ángel Rama, Alfredo Zitarrosa, Rubén Enrique
Romano, María Esther Gilio, Gerardo Fernández, Salvador Puig y Guillermo
Chifflet. Fue clausurado por la dictadura cívico-militar en 1974, aunque
continuó su publicación en México con los Cuadernos
de Marcha (ediciones mensuales con monografías que trataban los temas en
mayor profundidad). Luego de la muerte de Carlos Quijano en 1984, y tras
finalizar la dictadura en 1985, se formó el semanario Brecha en reemplazo de Marcha,
al considerar que no era posible continuar con su edición sin la presencia de
Quijano.
Pero volviendo a donde nos habíamos quedado, fue durante el
“pachecato” que comenzó a emerger el liderazgo de Wilson Ferreira Aldunate en
el Partido Nacional. Antiguo militante del Partido Nacional Independiente y
Ministro de Ganadería y Agricultura durante el segundo colegiado blanco,
Ferreira fue un duro opositor al gobierno de Pacheco Areco, a quien le
derribaría tres de sus ministros desde su banca de senador, en legendarias
interpelaciones parlamentarias. Para las elecciones de 1971, Ferreira formó el
movimiento “Por la Patria”, que resultó en un movimiento aluvional que reunía a
herreristas y blancos independientes.
En estas condiciones, se produjeron las elecciones
presidenciales de noviembre de 1971. El Partido Colorado, con 39,46% de los
votos, resultó ganador con la candidatura de Juan María Bordaberry, frente al
38,72% del Partido Nacional, con Wilson Ferreira Aldunate a la cabeza. El
Frente Amplio, que se presentaba por primera vez, recibió 17,62% de los
sufragios. Sin embargo, estas elecciones están plagadas de cuestionamientos por
supuestas irregularidades y fraude, en el cual, al parecer, estuvo involucrada
la mano de EEUU y de la dictadura militar brasileña de entonces, en el contexto
de la agudización de la Guerra Fría. En agosto de 2009 fueron desclasificados
varios documentos del National Security Archive y del Departamento de Estado de
EEUU, en donde se registran varias conversaciones del entonces presidente
estadounidense Richard Nixon acerca del involucramiento de EEUU y Brasil en
estas elecciones, lo cual se puede resumir con la frase de Nixon: “Los brasileños
ayudaron a amañar la elección uruguaya”. El objetivo del supuesto fraude habría
sido el de evitar una victoria del Frente Amplio, pero también parece haber
perjudicado al Partido Nacional, que perdió por escaso margen. Más allá de eso,
estas elecciones resultarían también históricas por ser las que dieron lugar al
gobierno que daría el golpe de estado del 27 de junio de 1973, inaugurando así
la dictadura cívico-militar uruguaya de 1973-1985.
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| Wilson Ferreira Aldunate |
Bordaberry asumió la presidencia el 1 de marzo de 1972. Era
un momento de especial intensidad de las actividades de la guerrilla del
MLN-Tupamaros. Poco tiempo después se descubrió la “cárcel del pueblo” en donde
la guerrilla tupamara había mantenido a varios secuestrados. Ese fue el
principio del fin para la guerrilla.
Dentro de las FFAA se estaba dando un proceso de
creciente intervención en los asuntos del Estado. El 8 de febrero de 1973, con
el propósito de controlar la creciente efervescencia militar, Bordaberry
sustituyó al Ministro de Defensa de entonces por el general legalista Antonio
Francese. En la mañana de ese día, el nuevo ministro se reunió con los mandos
de las tres fuerzas, y sólo encontró respaldo en la Armada. A las ocho de la
noche, desde el canal de televisión del Estado, los jefes del Ejército y la
Fuerza Aérea anunciaron que desconocerían las órdenes del ministro Francese y
reclamaron al presidente su relevo. En las primeras horas de la madrugada del 9
de febrero, los fusileros de la Armada, mediante barricadas, cerraron la
entrada a la Ciudad Vieja de Montevideo en apoyo del gobierno. En respuesta, el
Ejército sacó sus tanques a las calles y ocupó varias emisoras de radio. Entonces
emitieron el comunicado n°4, firmado por el Ejército y la Fuerza Aérea, en el
que planteaban impulsar objetivos socioeconómicos, entre los cuales estaban
incentivar las exportaciones, eliminar la deuda externa opresiva, erradicar el
desempleo, atacar los ilícitos económicos y la corrupción, y redistribuir la
tierra. El contenido de este comunicado explica el apoyo inicial del Partido
Comunista y del Partido Demócrata Cristiano a esta sublevación, entendiendo que
los militares pretendían un golpe de estado “de izquierda” o “peruanista” (es
decir, similar al impulsado por el general Juan Velasco Alvarado en Perú en 1968).
El “peruanismo” fue realmente una corriente existente en esa época entre los
militares uruguayos.
El sábado 10 de febrero, tres ministros intentaron un
acercamiento con los militares insurrectos. Mientras tanto, varios oficiales de
la Armada desconocieron las posiciones de su jefe, el vicealmirante Juan José
Zorrilla, y apoyaron los comunicados del Ejército y la Fuerza Aérea. Al día
siguiente, el 11 de febrero, Zorrilla renunció al mando de la Armada, con lo
que esta fuerza abandonó su postura constitucionalista. El lunes 12 de febrero,
Bordaberry concurrió a la base aérea “Capitán Juan Manuel Boizo Lanza” y aceptó
todas las exigencias de los mandos militares, pactando así su continuidad en la
presidencia, en lo que se dio a llamar el “Pacto de Boizo Lanza”. Dicho acuerdo
encomendaba a las FFAA la misión de “brindar seguridad al desarrollo nacional”.
Al día siguiente del acuerdo fueron designados nuevos ministros del Interior
(Néstor Bolentini) y de Defensa (Walter Ravenna). Con ello se completó el
deslizamiento hacia un gobierno cívico-militar. Se considera que este episodio
equivalió a un golpe de estado “de hecho”, y un precedente del golpe que
vendría.
En 1973 la justicia militar, que un año antes, con la Ley de
Seguridad del Estado, había asumido competencias en los procesos contra
integrantes de la guerrilla, pidió al Congreso el desafuero del senador
frenteamplista y ex-blanco Enrique Erro, acusándolo de estar implicado en
contactos con la guerrilla Tupamaros. El parlamento rechazó tal solicitud, lo
cual fue esgrimido como motivo puntual por el presidente Bordaberry para
disolver las cámaras.
El 27 de junio de 1973, argumentando que “la acción
delictiva de la conspiración contra la patria, coaligada con la complacencia de
grupos políticos sin sentido nacional, se halla inserta en las propias
instituciones, para así presentarse encubierta como una actividad formalmente
legal”, Bordaberry, con el apoyo de las FFAA, disolvió las cámaras de Senadores
y de Representantes y creó en su reemplazo un “Consejo de Estado” con funciones
legislativas. En un discurso emitido por radio y televisión el mismo día del
golpe, Bordaberry manifestó “el rechazo a toda ideología de origen marxista que
intente aprovechar la generosidad de nuestra democracia para presentarse como
doctrina salvadora y terminar como instrumento de opresión totalitaria”. Así se
inauguraba la dictadura uruguaya que duraría hasta 1985.
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| Juan María Bordaberry |
Hay que decir que no fue una dictadura exclusivamente
colorada, ya que algunos blancos también tuvieron una participación destacada,
como por ejemplo Aparicio Méndez, ex-Ministro de Salud entre 1961 y 1964, quien
se desempeñó como Presidente de la República entre septiembre de 1976 y el
mismo mes de 1981, o Martín Recaredo Etchegoyen, viejo herrerista y primer
presidente del primer colegiado blanco en 1959, quien cumplió funciones como
presidente del Consejo de Estado creado por Bordaberry, entre el 19 de
diciembre de 1973 y el 4 de enero de 1974, renunciando sólo ante el
agravamiento de su estado de salud. Además, dentro mismo de las FFAA, y sobre
todo dentro del Ejército, la corriente “nacionalista”, que fue la impulsora del
golpe, entroncaba sobre todo con lo blanco, y sus principales componentes eran
herreristas, comenzando por el anteriormente mencionado general Mario
Aguerrondo.
Sin embargo, el Partido Nacional como tal, dirigido por la
figura de Wilson Ferreira Aldunate, sería un férreo opositor a la dictadura.
Ferreira se exilió en la Argentina y, luego del asesinato en ese país del
senador frenteamplista de origen colorado Zelmar Michelini y del diputado
blanco Héctor Gutiérrez Ruiz el 20 de mayo de 1976, se refugió en la embajada
de Austria e inició una gira internacional contra la dictadura uruguaya,
logrando que EEUU suspendiera su asistencia militar a ésta.
En noviembre de 1980, bajo la presidencia de Aparicio
Méndez, la dictadura realizó un plebiscito para una reforma constitucional, que
fue rechazado por un 57,2% de los votantes, dando comienzo a un lento proceso
de apertura política.
En septiembre de 1981 asumió la presidencia el general Gregorio Álvarez. En agosto de 1984 tuvo lugar el Pacto del Club Naval, entre Álvarez y los líderes del Frente Amplio, el Partido Colorado y la Unión Cívica. El Partido Nacional se retiró de esas negociaciones por no aceptar el planteo militar de realizar elecciones con partidos y personas proscriptas (entre ellos, su entonces líder, Wilson Ferreira Aldunate).
En septiembre de 1981 asumió la presidencia el general Gregorio Álvarez. En agosto de 1984 tuvo lugar el Pacto del Club Naval, entre Álvarez y los líderes del Frente Amplio, el Partido Colorado y la Unión Cívica. El Partido Nacional se retiró de esas negociaciones por no aceptar el planteo militar de realizar elecciones con partidos y personas proscriptas (entre ellos, su entonces líder, Wilson Ferreira Aldunate).
En junio de ese año, Ferreira retornó del exilio cruzando el
Río de la Plata en el Vapor de la Carrera.
Fue apresado por los militares y trasladado al cuartel de Trinidad, en donde
permaneció encarcelado durante toda la campaña electoral que restableció la
democracia, y excluido de participar en las elecciones, según se había acordado
en el Pacto del Club Naval. Este incluía la proscripción de varios políticos
cuyas candidaturas eran resistidas por los militares. Ferreira, principal
enemigo del régimen en el exterior y por ello requerido por la justicia
militar, no podía participar de ninguna manera.
7. Desde el retorno de la democracia hasta el presente
En diciembre de 1986 se dictó la “Ley de caducidad de la
pretensión punitiva del Estado”, que consagraba la impunidad de los delitos de
violación a los derechos humanos durante la dictadura. Ferreira inicialmente se
resistió a avalar el proceso de amnistía a los militares, pero posteriormente
cedió y terminó dándole el visto bueno a la nueva ley, en cuya redacción
participaron algunos de sus colaboradores. Con motivo de esto, algunos blancos,
como por ejemplo Carlos Pita, se terminaron apartando del Partido Nacional. El
sector de Pita adoptó la denominación de “Corriente Popular Nacionalista”, y en
1987 adhirió al Frente Amplio, con Pita autodefiniéndose como “un blanco de
izquierda moderada”. Otro de los dirigentes del Partido Nacional que se opuso a
la Ley de caducidad fue el entonces intendente de Cerro Largo, Rodolfo Nin
Novoa. Además, la viuda del diputado blanco asesinado durante la dictadura
Héctor Gutiérrez Ruiz, Matilde Rodríguez Larreta lideró la campaña por el
plebiscito para derogar dicha ley entre 1987 y 1989, fecha de la realización
del referéndum. Finalmente, en ese plebiscito ganó el “No” a la derogación de
la ley. A mediados de 1987 también empeoró la salud de Ferreira, quien
terminaría falleciendo en 1988, víctima de un cáncer.
En las elecciones de noviembre de 1989 resultó electo el
pretendido continuador del herrerismo, y nieto del propio Luis Alberto de
Herrera, Luis Alberto Lacalle, quien asumió el 1 de marzo de 1990. Su
presidencia fue la primera presidencia unipersonal de un blanco
democráticamente electo desde el final del mandato de Bernardo Prudencio Berro
en 1864. Su gobierno se caracterizó por una política neoliberal y privatista.
En 1992, la política privatista sufrió un revés al perder
una consulta popular acerca de las privatizaciones con un 72,55% en contra. Nin
Novoa estuvo entre los que impulsaron el voto contrario a las privatizaciones,
y luego ayudó a formar el “Polo Progresista” dentro del Partido Nacional, junto
con varios dirigentes blancos opuestos a Lacalle, como el intendente de Rocha,
Irineu Riet Correa, y los parlamentarios Matilde Rodríguez Larreta y Alberto
Zumarán. Sin embargo, este movimiento tuvo escaso vuelo dentro del Partido
Nacional, y en 1994 Nin Novoa abandonó el partido e ingresó al Frente Amplio. En
2005 llegaría a ser vicepresidente de Uruguay acompañando a Tabaré Vázquez.
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| Luis Alberto Lacalle |
Tras el triunfo histórico del Frente Amplio en las
elecciones de 2004, el Partido Nacional se fue consolidando como segundo
partido más votado del país y alternativa de gobierno, siendo el principal
partido de oposición a los sucesivos gobiernos frenteamplistas hasta el presente.
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Fuentes de las imágenes
- Escudo del Partido Nacional: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Escudo_del_Partido_Nacional_(Uruguay).svg
- Manuel Oribe: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Gral._Manuel_Oribe_y_Viana.png
- Defensa de Montevideo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Defensa_de_Montevideo.jpg
- Juan Francisco Giró: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Juan_Francisco_Gir%C3%B3_ElIndiscreto_n60.jpg
- Bernardo Berro: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bernardo_Berro3.jpg
- Atanasio Aguirre: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Atanasio_Aguirre.jpg
- Venancio Flores: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Venancio_flores.jpg
- Timoteo Aparicio: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Timoteo_Aparicio.JPG
- Aparicio Saravia: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Aparicio_Saravia_cara.jpg
- Eduardo Acevedo Díaz: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:EduardoAcevedoDiaz.jpg
- Luis Alberto de Herrera en la Revolución de 1897: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Herrera1897.png
- Aparicio Saravia en 1904: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:La_guerra_de_1904.jpg
- José Batlle y Ordóñez: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:JoseBatlle1900.jpg
- Un joven Luis Alberto de Herrera: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Luis_Alberto_de_Herrera_(young).png
- Carlos Roxlo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:1891-1892,_Almanaque_Sud-americano,_Carlos_Roxlo_(cropped).jpg
- Gabriel Terra: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Terra1913.jpg
- Juan José de Amézaga: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Juan_Jos%C3%A9_de_Am%C3%A9zaga.jpg
- Luis Alberto de Herrera: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Luis_Alberto_de_Herrera.jpg
- Eduardo Víctor Haedo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Frondizi_en_el_acto_de_25_de_mayo_de_1960.jpeg
- Jorge Pacheco Areco: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jorge_Pacheco_Areco.jpg - Biblioteca del Congreso Nacional de Chile
- Wilson Ferreira Aldunate: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:WilsonF.jpg
- Juan María Bordaberry: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Juan_Maria_Bordaberry.jpg
- Luis Alberto Lacalle: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Luis_Alberto_Lacalle_de_Herrera_(cropped).jpg






















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