27/1/21

Referentes: Yusuf al-Azma


Yusuf al-Azma
 (1883 – 24 de julio de 1920) fue un militar sirio, héroe de la lucha anticolonialista y mártir de la batalla de Maysalun contra la dominación francesa.

Se desempeñó como Ministro de Guerra y jefe del Ejército durante el breve reinado del rey Faisal.

Provenía de una rica familia terrateniente de Damasco. Se convirtió en oficial del Ejército Otomano y peleó en múltiples frentes en la Primera Guerra Mundial. Después de que los Otomanos, derrotados, se retiraran de Damasco, al-Azma sirvió al emir Faisal, líder de la Revuelta Árabe, y fue designado Ministro de Guerra al establecerse el gobierno árabe en Damasco en enero de 1920. Fue el encargado de construir el naciente Ejército Árabe Sirio. Mientras tanto, el país había sido designado como un territorio bajo mandato de Francia, la cual no reconocía al gobierno de Faisal. Al-Azma estuvo entre los mayores oponentes al dominio francés, y cuando sus tropas avanzaban desde el Líbano hacia Damasco, fue autorizado a enfrentarlos. Al mando de un variopinto Ejército de voluntarios civiles, exoficiales Otomanos y caballería beduina, chocó con los franceses en el Paso de Maysalun, pero fue muerto en la acción y sus soldados se dispersaron, lo cual les permitió a los franceses ocupar Damasco al día siguiente, el 25 de julio de 1920. Aunque su Ejército fue derrotado, al-Azma se convirtió en un héroe nacional en Siria.

Carrera militar bajo el Imperio Otomano

Se graduó de la Academia Militar Otomana en Estambul en 1906, y perteneció a la organización clandestina reformista Comité de Unión y Progreso (también conocidos como “Jóvenes Turcos”). Luego de graduarse de la academia militar, recibió entrenamiento militar adicional en Alemania, retornando a Estambul en 1909. Poco después fue designado como agregado militar en El Cairo, Egipto, y para 1914 fue comandante de la 25° División de Infantería del Ejército Otomano durante la Primera Guerra Mundial. Más tarde durante esa guerra fue reasignado como segundo del Ministro de Guerra, Enver Pasha.

Hacia el fin de la guerra, fue designado Jefe del Estado Mayor del Primer Ejército Otomano, según el historiador Phillip S. Khoury, o del Ejército del Cáucaso, según la historiadora Ruth Roded. El historiador Michael Provence afirma que poco después de obtener este puesto, al-Azma se unió a la Revuelta Árabe contra los Otomanos lanzada por el Jerife de la Meca, Hussein, en 1916, pero que “en realidad prestó servicios como oficial otomano condecorado hasta octubre de 1918”. Ese mes, Damasco fue capturada por el Ejército del Jerife, apoyado por los británicos y liderado por el hijo del Jerife Hussein, el Emir Faisal. Al ocurrir esto, al-Azma retornó a Damasco y se convirtió en ayudante personal del Emir Faisal. También se unió (aunque no se sabe exactamente cuándo) a al-Fatat, una sociedad secreta nacionalista árabe que había sido fundada en 1911. En enero de 1919, Faisal lo designó delegado militar sirio en Beirut.

Ministro de Guerra

Durante el gobierno del Primer Ministro Rida al-Rikabi, al-Azma fue promovido a Ministro de Guerra, y el 26 de enero de 1920 fue también designado Jefe del Estado Mayor General por el Emir Faisal. Sus raíces damascenas, junto con su reputación como general otomano condecorado, lo convertían en una obvia opción como Ministro de Guerra, según Provence. Durante su mandato en el cargo, al-Azma puso las bases y estableció la jerarquía del moderno Ejército Árabe Sirio, según el historiador Sami Moubayed. Reunió las armas y municiones abandonadas por el Ejército Otomano, recaudó fondos para comprar nuevo armamento y, para mediados de 1920, había creado una fuerza militar de unos 10.000 hombres, consistente principalmente de voluntarios beduinos y antiguos oficiales del Ejército Otomano.

Oposición a la dominación francesa

Faisal declaró el Reino Árabe de Siria en marzo de 1920. Sin embargo, en el acuerdo secreto de Sykes-Picot de 1916 entre el Reino Unido y Francia, ambas potencias habían negociado el reparto de los territorios otomanos árabes entre sí, y la Sociedad de Naciones le otorgó a Francia un “mandato” sobre Siria en abril de 1920.

Luego de esto, emergieron dos facciones principales en el gobierno sirio: la minoritaria era favorable a acordar con los franceses debido a su superioridad militar (especialmente a partir de que los ingleses le retiraron su apoyo militar el Rey Faisal), mientras que la mayoritaria rechazaba la dominación francesa por todos los medios. Al-Rikabi lideraba la facción minoritaria, mientras que el campo mayoritario era liderado por al-Azma y apoyado por otros jóvenes que habían sido oficiales otomanos. La mayor parte del gobierno sirio, incluyendo el Ministro de Relaciones Exteriores, Abd al-Rahman Shahbandar, respaldaban a la facción de al-Azma.

Las fuerzas francesas, comandadas por el Gral. Henri Gouraud, habían desembarcado en Beirut el 18 de noviembre de 1919. Gouraud estaba decidido a poner a toda Siria bajo control francés, y exigió el despliegue inmediato de sus fuerzas en el valle de Bekaa, entre Beirut y Damasco. En contra de los deseos del Rey Faisal, el delegado sirio ante el Gral. Gouraud, Nuri al-Said, dio el visto bueno al despliegue francés. Sin embargo, cuando un oficial francés fue agredido por rebeldes chiítas opuestos a la presencia francesa, Gouraud violó su acuerdo con al-Said y ocupó la gran ciudad de Baalbek. Esto acentuó las divisiones entre la facción de al-Azma y los que querían un acuerdo con los franceses.

En el norte de Siria, una revuelta alawita, liderada por Saleh al-Ali, y una en la región de Alepo, liderada por Ibrahim Hanano, estallaron en respuesta a la presencia francesa. El 10 de diciembre de 1919, el Primer Ministro al-Rikabi renunció en medio de la presión de los nacionalistas y de la opinión popular. Las revueltas recibieron apoyo militar del gobierno de Faisal y de los insurgentes de Mustafá Kemal en Anatolia (quien estaba peleando su propia guerra de independencia en contra de los términos del Tratado de Sèvres impuesto por las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial). En junio de 1920, al-Azma recorrió el norte de Siria reclutando más soldados para el naciente Ejército Árabe Sirio y estableciendo conexiones con la insurgencia turca en Anatolia. Las fuerzas francesas ocuparon partes del norte de Siria a principios de julio de 1920.

El 13 de julio, al-Azma declaró medidas de emergencia en el Congreso, incluyendo la censura de prensa, la autoridad para tomar vehículos civiles para usarlos militarmente y un llamado a las milicias de todo el país a apoyar al Ejército. Alentado por los éxitos de Kemal contra los franceses en Turquía, al-Azma buscó seguir sus pasos en Siria.

El 14 de julio, Francia emitió un ultimátum al gobierno sirio para que disolviera su Ejército y se sometiera al control francés. El 18 de julio, el Rey Faisal y su gabinete se reunieron y todos los ministros excepto al-Azma acordaron no entrar en guerra con los franceses. Después de que el Rey Faisal ratificara la decisión del gabinete, al-Azma retiró sus tropas de Anjar, de las colinas que dan al valle de Bekaa desde el este, y de la ruta Beirut-Damasco. El 20 de julio, seis horas antes de la expiración del ultimátum, el Rey Faisal le informó al enlace francés en Damasco sobre su aceptación de los términos del Gral. Gouraud. Sin embargo, por razones poco claras, la notificación no llegó a Gouraud sino hasta el 21 de julio.

Cuando llegaron a la población las noticias de la rendición de Faisal a los franceses y del desmantelamiento de los cuarteles del Ejército en Damasco, surgió la indignación. Un levantamiento por parte de soldados y vecinos furiosos fue violentamente reprimido por el Emir Zeid, resultando en unas 200 muertes. Al-Azma rechazó las órdenes de disolver el Ejército y le rogó el Rey Faisal una oportunidad de confrontar a las fuerzas francesas.

Batalla de Maysalun y muerte

Cerca de 12.000 soldados franceses, respaldados por tanques y bombarderos, comenzaron su avance sobre Damasco el 21 de julio. Primero capturaron Anjar, en el valle de Bekaa. El avance francés sorprendió al Rey Faisal, quien creía que la confrontación se evitaría debido al acuerdo sobre el ultimátum del 14 de julio, tal como el Gral. Gouraud había prometido. En respuesta a las acciones de Gouraud, el Rey le dio permiso a al-Azma para movilizarse. Se ordenó movilizarse a cerca de 300 tropas en el paso de Maysalun, unos 19 kilómetros al oeste de Damasco. Al-Azma pudo reunir unos cientos de tropas regulares y cerca de 1000 voluntarios civiles, incluyendo a la caballería beduina.

El 22 de julio, el Rey Faisal intentó demorar el avance francés enviando al Ministro de Educación, Sati al-Husri, a negociar con el Gral. Gouraud, quien puso nuevas condiciones para evitar su ofensiva y le dio a Faisal un solo día más para deliberar sobre los términos. Al día siguiente, mientras el gabinete consideraba las condiciones de Gouraud, los franceses solicitaron la entrada a Maysalun en busca de agua. Los sirios interpretaron el pedido como una excusa del Ejército de Gouraud para entrar en Damasco sin luchar, y esto resultó en el rechazo de las nuevas condiciones por parte del Rey. En consecuencia, al-Azma partió de Damasco para confrontar a Gouraud en lo que se conocería como la Batalla de Maysalun.

Las tropas de al-Azma estaban equipadas mayormente con rifles oxidados abandonados por las tropas Otomanas y los rifles usados por las tropas irregulares beduinas durante la Revuelta Árabe de 1916, así como también 15 cañones. Estaban compuestas de una columna norteña, una central y una sureña, con caballería a camello a la cabeza. Al-Azma lideraba la columna central, que estaba respaldada por numerosos voluntarios civiles. Alrededor del amanecer del 24 de julio, en las inmediaciones de Maysalun, tuvieron lugar choques entre las fuerzas árabes y el ejército francés, pero la mayor parte de la resistencia árabe, que estaba en gran medida falta de coordinación, había colapsado en la primera hora de la batalla. Los sirios habían gastado la poca munición que tenían y el Ejército francés, militarmente superior, rompió las líneas sirias.

Alrededor de las 10:30 am., las fuerzas francesas llegaron al cuartel de al-Azma. Las minas puestas por los sirios no explotaron, o al menos no afectaron seriamente el avance de las fuerzas francesas. Con las tropas francesas a 100 metros de él, al-Azma corrió hasta un artillero y le ordenó disparar a los tanques franceses. Antes de que se hiciera cualquier disparo, al-Azma fue mortalmente herido en la cabeza y el pecho por el fuego de ametralladora de un tanque francés. Fue el único oficial árabe muerto en la batalla. Choques esporádicos continuaron por otras tres horas. Para entonces, las fuerzas sirias se habían retirado desordenadamente hacia Damasco. El Ejército francés entró a la ciudad el 25 de julio de 1920.

Legado

La negativa de al-Azma a rendirse ante los franceses, su insistencia en ir a la batalla aún con fuerzas inferiores y su muerte capitaneando a los sirios en Maysalun, lo convirtieron en un héroe nacional para Siria y para el mundo árabe. Según Khoury, al-Azma fue “de ahí en más, inmortalizado por los sirios como el supremo mártir nacional”. De la misma manera, Provence argumenta que al-Azma “se convirtió en el símbolo supremo del patriotismo árabe sirio de entreguerras”.

Su estatua se yergue sobre una importante plaza del Damasco central, nombrada en homenaje a él, y en toda Siria hay calles y escuelas del mismo nombre. También hay estatuas de al-Azma desparramadas por todo el Medio Oriente.

En los años ’30, se erigió una tumba para al-Azma en Maysalun. Aunque ha sido renovada frecuentemente, la estructura original de la tumba permanece en gran medida intacta. Esta consiste de un sarcófago de piedra elevado sobre una plataforma. El sarcófago tiene una tapa triangular sobre la cual está tallada una espada zulfiqar. El Ejército Sirio homenajea anualmente a al-Azma en su tumba, en el día de Maysalun (24 de julio).

9/1/21

Referentes: K. M. Panikkar

Panikkar le presenta sus credenciales a Mao Tse Tung, 1950

Kavalam Madhava Panikkar, más conocido como K. M. Panikkar (3 de junio de 1895 – 10 de diciembre de 1963), fue un diplomático, profesor, periodista, historiador y novelista indio. Nació en Travancore, en ese entonces un estado principesco de la India Británica, y fue educado en Madrás y en la Universidad de Oxford.

Después de un período como profesor en la Universidad Musulmana de Aligarh y luego en la Universidad de Calcuta, se convirtió en editor del Hindustan Times en 1925. Luego fue nombrado secretario de la Cámara de los Príncipes, por lo cual se mudó a los estados principescos de Patiala, primero, y Bikaner, después, siendo allí ministro de relaciones exteriores y luego primer ministro del último.

Cuando la India consiguió la independencia, Panikkar representó al país en la sesión de 1947 de la Asamblea General de la ONU. En 1950 fue designado Embajador de la India ante la República Popular China, siendo la India el primer país no socialista en reconocerla. Luego de un fructífero mandato allí, fue nombrado embajador ante Egipto en 1952. Fue designado miembro de la Comisión de Reorganización de los Estados creada en 1953. Fue también embajador de la India en Francia entre 1956 y 1959, miembro del Rajya Sabha (la cámara alta del Parlamento de la India), y vicerrector de las universidades de Cachemira y de Mysore.

Luego de completar su educación primaria y secundaria en Madrás, partió a Inglaterra en abril de 1914 para estudiar historia en la Universidad de Oxford. Después de terminar su carrera en Oxford, estudió para abogado en Middle Temple, Londres.

Al retornar a la India, primero enseñó en la Universidad Musulmana de Aligarh, y luego en la Universidad de Calcuta. Luego se volcó al periodismo en 1925, como editor del Hindustan Times.Después de sus estudios, viajó a Portugal y Holanda para investigar la relación de estos países con su región de origen, la costa de Malabar. Los resultados de dicha investigación fueron publicados en sus libros Malabar y los portugueses (1929) y Malabar y los holandeses (1931).

Durante los siguientes veinte años, Panikkar prestó servicios a los estados principescos de la India, convirtiéndose en secretario del director de la Cámara de los Príncipes. También se desempeñó como Ministro de Relaciones Exteriores del Estado de Patiala y luego del Estado de Bikaner, y se convirtió en diván (cargo equivalente al de Primer Ministro) de Bikaner en 1944.

Prestó servicios como embajador en China hasta 1952, forjando una relación personal con Chiang Kai Shek y permaneciendo allí durante la toma del poder por los comunistas y el período siguiente. Narró sus experiencias en su libro En dos Chinas (1955). En este período también completó su obra Asia y la dominación occidental (1953).

Panikkar (izquierda) con Vijaya Lakshmi Pandit y Zhou Enlai

Posteriormente sirvió como embajador en Egipto (1952-1953) y Francia (1956-1959), antes de que un severo derrame cerebral lo obligara a volver a la India. Luego de recuperarse, retomó su carrera académica, convirtiéndose en Vicerrector de la Universidad de Cachemira y más tarde de la Universidad de Mysore.

Durante su carrera política, continuó publicando artículos y poemas, y también tradujo varias obras de teatro griegas al malayalam.

El interés de Panikkar por la influencia europea en Asia se reflejó en sus estudios sobre los portugueses y holandeses en Malabar, y especialmente en la que es quizás su opus magnum: Asia y la dominación occidental, en la que resume la historia de 450 años de injerencia europea en el continente asiático, desde la llegada de Vasco da Gama hasta la posguerra de la Segunda Guerra Mundial.

2/1/21

Referentes: Mustafa Kamil

 

Mustafá Kamil (14 de agosto de 1874, El Cairo – 10 de febrero de 1908, El Cairo) fue un abogado, periodista y líder nacionalista egipcio que se opuso a la ocupación británica de su país.

Admiraba el Japón Meiji porque había sabido hacer frente al imperialismo occidental, e incluso antes de que se produjera su victoria en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 escribió un libro exaltándolo titulado El sol naciente.

Asimismo, era francófilo. Había estudiado en Francia y confiaba en que los franceses ayudarían a Egipto a sacudirse el yugo colonial.

En 1907 fundó el Partido Nacionalista cuyo objetivo era conseguir la independencia de Egipto. Un año antes él y sus seguidores habían organizado una gran movilización popular contra los extranjeros como protesta por el injusto ahorcamiento de cuatro campesinos —lo que llegó a conocerse como el Incidente de Dinshawai.

Kamil murió pocos meses después de la fundación del Partido Nacionalista y su entierro constituyó una masiva demostración de duelo. Considerado un héroe de la independencia de Egipto, entre 1949 y 1953 se construyó su mausoleo con una sala en donde se exponen objetos y documentos relacionados con su vida.

Biografía

Hijo de un oficial del Ejército Egipcio, Kamil se formó como abogado en la Escuela de Derecho Francesa en El Cairo y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Toulouse en Francia.

En enero de 1893, mientras era estudiante universitario, Kamil se hizo famoso por primera vez por dirigir a un grupo de estudiantes que destruyeron las oficinas del periódico al-Muqattam, el cual apoyaba la ocupación británica.

Siendo un nacionalista apasionado, apoyó al Jedive de Egipto de ese momento, Abbas Hilmi II, quien se oponía fuertemente a dicha ocupación. Conoció al Jedive personalmente en 1892, y fue éste quien financió su educación en Toulouse.

Kamil llamó la atención fuera de Egipto por primera vez cuando presentó una petición ante la Cámara de Diputados de Francia en junio de 1895, en donde le pedía a Francia que presionara a Gran Bretaña para que se fuera de Egipto.

En un discurso en idioma francés en Toulouse, el 4 de julio de 1895, Kamil acusó a Lord Cromer (el administrador colonial británico de Egipto en ese tiempo) de “designar a propósito en ministerios y otras posiciones administrativas egipcias a hombres incapaces, indiferentes o traidores. De esta manera, no sólo manipula a estos hombres como un instrumento bajo su control, sino que usa su incompetencia para intentar probarle a Europa que nuestro país carece de una clase dirigente competente”. En el mismo discurso, Kamil hacía un llamado de ayuda a los franceses diciendo: “Sí, caballeros, es deber de Francia el intervenir y salvarnos… Francia, que generosamente ha despertado a Egipto de su profundo sueño y que siempre nos ha tratado como a su hijo más querido, ganándose en el proceso nuestro respeto eterno, emanado de la profundidad de nuestros corazones y almas”.

Al retornar a Egipto, Kamil escribió un panfleto en francés (lengua de la elite egipcia en ese entonces) titulado Le peril anglais: Conséquence de l'occupation de l'Egypte par l'Angleterre.

Entre 1895 y 1907, Kamil visitó Francia todos los años, siempre dando conferencias y escribiendo artículos de diario en los que denunciaba al colonialismo británico. Kamil frecuentemente actuaba como un diplomático informal, recorriendo las capitales de Europa por orden del Jedive, buscando apoyos para terminar con la ocupación británica de Egipto.

En Francia trabó amistad con el escritor Pierre Loti y la feminista Juliette Adam, quienes le presentaron a gran parte de la intelectualidad francesa. Estos quedaron impresionados por el carismático e inteligente joven, quien hablaba un francés fluido.

Sin embargo, la retórica francófila de Kamil era calculada, tal como le relató al secretario de Abbas Hilmis en una carta de septiembre de 1895: “Como cualquier persona realista sabe, las naciones sólo se fijan en sus propios intereses. Los franceses, al igual que los ingleses, sin importar cuán leales a nosotros aparenten ser, harán lo que esté en su interés político. Por lo tanto, con nuestro acercamiento y amistad hacia ellos, estamos empleando meramente una maniobra política para ganarnos su confianza y, quizás, aunque sea temporariamente, podremos beneficiarnos de ellos políticamente”.

Kamil también buscó cooperar con el Imperio Otomano, debido al estatus formal de Egipto como un vilayato (provincia) de ese imperio (con autonomía desde el reinado de Mehmet Ali el Grande) que había sido ocupado por Gran Bretaña en 1882. Como la mayoría de los egipcios de su generación, Kamil veía a los Jedives como los gobernantes legítimos de Egipto, quienes a su vez le debían lealtad al Sultán Otomano en Estambul. Pero gradualmente se fue haciendo más independiente de patrocinadores extranjeros, y apeló principalmente al pueblo egipcio para terminar con la ocupación británica.

En 1900, Kamil fundó el periódico Al-Liwa (“El Estandarte”) como plataforma para difundir sus ideas. También fundó una escuela de niños varones abierta a los egipcios de todas las religiones.

Como muchos otros nacionalistas egipcios de principios del siglo XX, Kamil se enorgullecía de los logros de la antigua civilización egipcia, los cuales, para él, demostraban que Egipto tenía una historia de organización estatal que databa de miles de años atrás, distinguiendo a los egipcios de otros pueblos. Influenciado por el filósofo francés Ernest Renan, quien sostenía que lo que definía a una nación era “el deseo de vivir juntos”, Kamil argumentaba que los egipcios habían querido vivir juntos en un solo estado durante milenios. Para él, la unificación del Alto y el Bajo Egipto, alrededor del 3100 AC, fue el nacimiento de Egipto como Estado, contradiciendo así las enseñanzas islámicas de que toda la historia egipcia anterior a la conquista musulmana (639-642 DC) había sido un período de “jahiliyyah” (“ignorancia bárbara”).

La postura de Kamil sobre el rol del Islam en la vida egipcia era bastante elástica, y variaba de acuerdo a la audiencia a la que se dirigía. Algunas veces sostenía que el Islam era la esencia de la nacionalidad egipcia, mientras que otras veces decía que era el amor a la Patria lo que definía al ser egipcio, implícitamente aceptando a los cristianos coptos y a los judíos egipcios como iguales. Kamil tendía a ver al Islam como un refuerzo para el patriotismo egipcio, y no como su base fundamental.

Lord Cromer solía describir a Kamil en sus despachos a Londres como “el incapaz demagogo nacionalista”. Kamil rebatía apasionadamente las frecuentes afirmaciones de Lord Cromer de que los “orientales” no tenían la misma capacidad para razonar que los europeos, y muchos de sus escritos se ocupaban de demostrar que los egipcios sí tenían capacidad para razonar y para pensar inteligentemente.

Kamil también atacó a Cromer en un discurso por tratar de “poner fin a la influencia francesa”. Kamil argumentaba que el sistema educativo egipcio había sido alguna vez hogar de “maestros egipcios y franceses leales y eruditos” y que ahora era “el lugar de encuentro de los más ignorantes y más egoístas aventureros británicos”.

Cuando escribía para audiencias europeas, usualmente francesas, Kamil solía atacar la afirmación de Cromer de que el musulmán egipcio promedio era un “fanático” sanguinario que buscaba cualquier oportunidad para asesinar cristianos. En un artículo, Kamil escribió:

“Los ingleses han cometido injusticia tras injusticia, pero han convencido a Europa de que nosotros somos un pueblo fanático, hostil a todos los cristianos. ¡Esta es la mayor de todas las mentiras! No somos fanáticos u hostiles a los cristianos. Somos un pueblo sabio y hospitalario, y la prueba es incontestable… Durante el último siglo estuvimos en contacto directo con Europa, y especialmente Francia, y nunca fuimos hostiles a nadie. Por el contrario, el mundo entero encuentra en Egipto la más generosa hospitalidad. Si nuestros enemigos afirman que somos fanáticos religiosos, es tiempo de poner fin a sus legendarios engaños”.

Kamil tenía una tendencia a retratar las relaciones entre la mayoría árabe musulmana de Egipto y la minoría cristiana copta como una relación ideal, afirmando que Egipto era una nación tolerante y en absoluto similar al relato de Lord Cromer de una nación musulmana “fanática” que pisoteaba a los coptos. Para contrarrestar el argumento del “fanatismo” de Cromer, Kamil acuñó el eslogan “Libre chez nous, hospitaliers pour tous(“Libres en nuestro país, hospitalarios para todos”), que se convirtió en su lema.

Gran parte de la obra de Kamil fue precursora del posterior nacionalismo tercermundista, ya que dio gran visibilidad en Al-Liwa a los movimientos independentistas de la India y de las Islas Orientales Neerlandesas (hoy Indonesia), sosteniendo que los activistas independentistas en ambos países compartían una causa común con gente como él, ya que todos eran miembros de un “Oriente” oprimido por “Occidente”.

Después de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-05, Kamil se convirtió en un ferviente japonófilo, alabando a Japón como un pueblo “Oriental” que se había modernizado sin perder su idiosincrasia y como un modelo a seguir para Egipto. Le dio una gran cobertura a la Guerra Ruso-Japonesa en Al-Liwa. Viendo asimismo al Sultán Otomano Abdulhamid II como un reformador, Kamil constantemente reportaba acerca de los esfuerzos de reforma en el Imperio Otomano, y manifestaba sus esperanzas de que Abdulhamid se convirtiera en un “Meiji” Otomano.

El 28 de marzo de 1904 le escribió a su amiga francesa Juliette Adam acerca de que estaba escribiendo un libro sobre Japón “de manera de explicarle al pueblo como levantarse, y para alentarlos mostrándoles la actual lucha de los japoneses”. En junio de 1904, Kamil le contó a Adam que ya había terminado su libro sobre Japón: “Acabo de terminar el primer volumen de mi libro sobre Japón. La principal razón que me impulsó a hacerlo fue para sacar provecho de la gran corriente de simpatía que mis compatriotas tienen por los japoneses, y para decirles que ese pueblo es tan fuerte sólo porque son patriotas. Creo que tendrá un efecto despertador. Nunca me he cansado tanto como en estos últimos días”.

En su libro de 1904, El sol naciente, Kamil escribió:

“Si los europeos hubieran sido auténticos en su propaganda y discurso acerca de que querían civilizar a toda la humanidad y de que ellos no iban a los países más que a llevar a su pueblo al camino de la civilización, entonces hubieran estado satisfechos con el progreso de la raza amarilla y su desarrollo, y estimado a Japón como el más grande de los factores civilizados. Sin embargo, la realidad es que la rivalidad sigue siendo la regla general en la humanidad. Está determinado que todo el mundo trabaja para el detrimento y la desventaja de su oponente. Los europeos no quieren el avance de los orientales, y los orientales no desean la permanencia del poder europeo”.

Y en un artículo de septiembre de 1904, Kamil escribió que las victorias japonesas frente a Rusia eran “una gloria para todos los orientales”.

Cuando Kamil se enteró de que su amigo francés Pierre Loti apoyaba a Rusia frente a Japón y había dado por terminada su amistad por el asunto, le escribió a Juliette Adam el 9 de junio de 1905:

“Lamento extremadamente que Loti haya cambiado de opinión sobre mí…Si le he hablado de mi entusiasmo por Japón es porque no puedo ocultar mi opinión y mis sentimientos; … Ustedes están perplejos de que yo apoye a los japoneses; todo mi pueblo está de acuerdo conmigo. Les ruego examinar el asunto desde un punto de vista egipcio y musulmán. De los dos combatientes, Japón no le ha hecho ningún daño a Egipto ni al Islam; por el contrario, Rusia le ha hecho a Egipto el mayor de los males bajo el reinado del gran Mehmet Ali, al quemar su flota, en acuerdo con Inglaterra, siempre traicionera, y Francia, siempre engañada [Kamil se refería a la Batalla de Navarino de 1827, cuando una flota Anglo-Franco-Rusa destruyó la flota Otomano-Egipcia cerca de la costa de Grecia]. Y al presentarle a Mehmet Ali la mayor oposición, ella le ha hecho al Islam y a los pueblos musulmanes el más negro de los males. Rusia es enemiga número uno. En segundo lugar, no es la alianza de Inglaterra con Japón la que arruina la independencia de mi país, sino la Entente entre la traicionera Inglaterra y Francia. ¿Por qué, entonces, debería ser antijaponés, yo, que adoro a los patriotas y encuentro entre los japoneses el mayor ejemplo de patriotismo? El pueblo japonés es el único pueblo oriental que ha puesto a Europa en su lugar. ¿Cómo podría no amarlos?”

Gran parte de El sol naciente se ocupa de la Restauración Meiji, con el Emperador Meiji convertido en un héroe por haber modernizado al Japón terminando con el shogunato Tokugawa, lo cual los lectores egipcios debían interpretar como un llamado a que el Jedive Abbas Hilmi modernizara Egipto terminando con la ocupación británica. El mensaje fue hecho explícito cuando Kamil comparó el shogunato Tokugawa tardío, incapaz de imponerse a las potencias extranjeras que acosaban a Japón, con el estado actual del mundo musulmán, igualmente incapaz de defenderse de los extranjeros, y expresó la esperanza de que Abdulhamid II y Abbas Hilmi II fueran capaces de emular al Emperador Meiji.

En El sol naciente, Kamil presenta al Shintoísmo de Estado como un medio que utilizaba el estado japonés para unificar al pueblo japonés alrededor de una lealtad común al Emperador. Escribía con admiración acerca de cómo el Shintoísmo de Estado unificaba al pueblo en Japón. Kamil pensaba que hacer que el pueblo japonés adorara al Emperador como un dios viviente era muy útil, argumentando que los japoneses nunca estaban tan divididos como los egipcios.

Al mismo tiempo, elogiaba las reformas Meiji por haberle dado a Japón un sistema legal basado en el sistema francés, haciendo a todos los japoneses iguales ante la ley, y por haber sancionado una Constitución, y sugería que el Jedive debía hacer lo mismo en Egipto. El mansaje de Kamil era que la aristocracia egipcia debía ser más como la elite japonesa, haciendo reformas que terminaran con su estatus especial por el bien de Egipto.

La causa de Kamil se vio fortalecida por el Incidente de Dinshawai, el 13 de junio de 1906, en el cual cuatro campesinos egipcios fueron sumariamente juzgados y ahorcados por haber atacado a oficiales británicos que estaban cazando palomas en su aldea. Este incidente galvanizó al movimiento nacionalista egipcio, y Kamil lo utilizó para instigar la rabia nacionalista, convirtiéndose en vocero del movimiento nacionalista egipcio. Reportó acerca del incidente para el diario francés Le Figaro, logrando atraer la atención internacional. En julio de 1906 visitó Londres y tradujo su artículo al inglés, enviándoselo por carta a cada miembro del parlamento británico. Además, dio discursos por toda Gran Bretaña relatando el hecho.

Visitó Downing Street 10 para encontrarse con el Primer Ministro británico, Henry Campbell-Bannerman. Campbell-Bannerman le pidió a Kamil una lista de egipcios aptos para ser ministros, y Kamil le pasó una lista de 32 nombres, muchos de los cuales fueron posteriormente nombrados miembros del gabinete egipcio. El Incidente de Dinshawai llevó a la renuncia de Lord Cromer, en marzo de 1907.

Kamil fue apoyado principalmente por Mohammad Farid, un prominente aristócrata egipcio. Con ayuda de Farid, fundó en diciembre de 1907 el Partido Nacionalista (al-Hizb al-Watani), dos meses antes de morir. Su funeral fue una demostración masiva de duelo popular, y a él asistieron cientos de miles que veían a Kamil como su paladín. Farid se convirtió en líder del Partido Nacionalista después de su muerte.

El mausoleo de Mustafá Kamil (construido entre 1949 y 1953) está abierto al público en forma de museo.

Kamil es recordado como un ardiente nacionalista egipcio, y un gran defensor de la independencia nacional. Se cree que el himno nacional egipcio actual (Bilady, bilady, bilady) fue inspirado por uno de los discursos de Kamil.