2/1/21

Referentes: Mustafa Kamil

 

Mustafá Kamil (14 de agosto de 1874, El Cairo – 10 de febrero de 1908, El Cairo) fue un abogado, periodista y líder nacionalista egipcio que se opuso a la ocupación británica de su país.

Admiraba el Japón Meiji porque había sabido hacer frente al imperialismo occidental, e incluso antes de que se produjera su victoria en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 escribió un libro exaltándolo titulado El sol naciente.

Asimismo, era francófilo. Había estudiado en Francia y confiaba en que los franceses ayudarían a Egipto a sacudirse el yugo colonial.

En 1907 fundó el Partido Nacionalista cuyo objetivo era conseguir la independencia de Egipto. Un año antes él y sus seguidores habían organizado una gran movilización popular contra los extranjeros como protesta por el injusto ahorcamiento de cuatro campesinos —lo que llegó a conocerse como el Incidente de Dinshawai.

Kamil murió pocos meses después de la fundación del Partido Nacionalista y su entierro constituyó una masiva demostración de duelo. Considerado un héroe de la independencia de Egipto, entre 1949 y 1953 se construyó su mausoleo con una sala en donde se exponen objetos y documentos relacionados con su vida.

Biografía

Hijo de un oficial del Ejército Egipcio, Kamil se formó como abogado en la Escuela de Derecho Francesa en El Cairo y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Toulouse en Francia.

En enero de 1893, mientras era estudiante universitario, Kamil se hizo famoso por primera vez por dirigir a un grupo de estudiantes que destruyeron las oficinas del periódico al-Muqattam, el cual apoyaba la ocupación británica.

Siendo un nacionalista apasionado, apoyó al Jedive de Egipto de ese momento, Abbas Hilmi II, quien se oponía fuertemente a dicha ocupación. Conoció al Jedive personalmente en 1892, y fue éste quien financió su educación en Toulouse.

Kamil llamó la atención fuera de Egipto por primera vez cuando presentó una petición ante la Cámara de Diputados de Francia en junio de 1895, en donde le pedía a Francia que presionara a Gran Bretaña para que se fuera de Egipto.

En un discurso en idioma francés en Toulouse, el 4 de julio de 1895, Kamil acusó a Lord Cromer (el administrador colonial británico de Egipto en ese tiempo) de “designar a propósito en ministerios y otras posiciones administrativas egipcias a hombres incapaces, indiferentes o traidores. De esta manera, no sólo manipula a estos hombres como un instrumento bajo su control, sino que usa su incompetencia para intentar probarle a Europa que nuestro país carece de una clase dirigente competente”. En el mismo discurso, Kamil hacía un llamado de ayuda a los franceses diciendo: “Sí, caballeros, es deber de Francia el intervenir y salvarnos… Francia, que generosamente ha despertado a Egipto de su profundo sueño y que siempre nos ha tratado como a su hijo más querido, ganándose en el proceso nuestro respeto eterno, emanado de la profundidad de nuestros corazones y almas”.

Al retornar a Egipto, Kamil escribió un panfleto en francés (lengua de la elite egipcia en ese entonces) titulado Le peril anglais: Conséquence de l'occupation de l'Egypte par l'Angleterre.

Entre 1895 y 1907, Kamil visitó Francia todos los años, siempre dando conferencias y escribiendo artículos de diario en los que denunciaba al colonialismo británico. Kamil frecuentemente actuaba como un diplomático informal, recorriendo las capitales de Europa por orden del Jedive, buscando apoyos para terminar con la ocupación británica de Egipto.

En Francia trabó amistad con el escritor Pierre Loti y la feminista Juliette Adam, quienes le presentaron a gran parte de la intelectualidad francesa. Estos quedaron impresionados por el carismático e inteligente joven, quien hablaba un francés fluido.

Sin embargo, la retórica francófila de Kamil era calculada, tal como le relató al secretario de Abbas Hilmis en una carta de septiembre de 1895: “Como cualquier persona realista sabe, las naciones sólo se fijan en sus propios intereses. Los franceses, al igual que los ingleses, sin importar cuán leales a nosotros aparenten ser, harán lo que esté en su interés político. Por lo tanto, con nuestro acercamiento y amistad hacia ellos, estamos empleando meramente una maniobra política para ganarnos su confianza y, quizás, aunque sea temporariamente, podremos beneficiarnos de ellos políticamente”.

Kamil también buscó cooperar con el Imperio Otomano, debido al estatus formal de Egipto como un vilayato (provincia) de ese imperio (con autonomía desde el reinado de Mehmet Ali el Grande) que había sido ocupado por Gran Bretaña en 1882. Como la mayoría de los egipcios de su generación, Kamil veía a los Jedives como los gobernantes legítimos de Egipto, quienes a su vez le debían lealtad al Sultán Otomano en Estambul. Pero gradualmente se fue haciendo más independiente de patrocinadores extranjeros, y apeló principalmente al pueblo egipcio para terminar con la ocupación británica.

En 1900, Kamil fundó el periódico Al-Liwa (“El Estandarte”) como plataforma para difundir sus ideas. También fundó una escuela de niños varones abierta a los egipcios de todas las religiones.

Como muchos otros nacionalistas egipcios de principios del siglo XX, Kamil se enorgullecía de los logros de la antigua civilización egipcia, los cuales, para él, demostraban que Egipto tenía una historia de organización estatal que databa de miles de años atrás, distinguiendo a los egipcios de otros pueblos. Influenciado por el filósofo francés Ernest Renan, quien sostenía que lo que definía a una nación era “el deseo de vivir juntos”, Kamil argumentaba que los egipcios habían querido vivir juntos en un solo estado durante milenios. Para él, la unificación del Alto y el Bajo Egipto, alrededor del 3100 AC, fue el nacimiento de Egipto como Estado, contradiciendo así las enseñanzas islámicas de que toda la historia egipcia anterior a la conquista musulmana (639-642 DC) había sido un período de “jahiliyyah” (“ignorancia bárbara”).

La postura de Kamil sobre el rol del Islam en la vida egipcia era bastante elástica, y variaba de acuerdo a la audiencia a la que se dirigía. Algunas veces sostenía que el Islam era la esencia de la nacionalidad egipcia, mientras que otras veces decía que era el amor a la Patria lo que definía al ser egipcio, implícitamente aceptando a los cristianos coptos y a los judíos egipcios como iguales. Kamil tendía a ver al Islam como un refuerzo para el patriotismo egipcio, y no como su base fundamental.

Lord Cromer solía describir a Kamil en sus despachos a Londres como “el incapaz demagogo nacionalista”. Kamil rebatía apasionadamente las frecuentes afirmaciones de Lord Cromer de que los “orientales” no tenían la misma capacidad para razonar que los europeos, y muchos de sus escritos se ocupaban de demostrar que los egipcios sí tenían capacidad para razonar y para pensar inteligentemente.

Kamil también atacó a Cromer en un discurso por tratar de “poner fin a la influencia francesa”. Kamil argumentaba que el sistema educativo egipcio había sido alguna vez hogar de “maestros egipcios y franceses leales y eruditos” y que ahora era “el lugar de encuentro de los más ignorantes y más egoístas aventureros británicos”.

Cuando escribía para audiencias europeas, usualmente francesas, Kamil solía atacar la afirmación de Cromer de que el musulmán egipcio promedio era un “fanático” sanguinario que buscaba cualquier oportunidad para asesinar cristianos. En un artículo, Kamil escribió:

“Los ingleses han cometido injusticia tras injusticia, pero han convencido a Europa de que nosotros somos un pueblo fanático, hostil a todos los cristianos. ¡Esta es la mayor de todas las mentiras! No somos fanáticos u hostiles a los cristianos. Somos un pueblo sabio y hospitalario, y la prueba es incontestable… Durante el último siglo estuvimos en contacto directo con Europa, y especialmente Francia, y nunca fuimos hostiles a nadie. Por el contrario, el mundo entero encuentra en Egipto la más generosa hospitalidad. Si nuestros enemigos afirman que somos fanáticos religiosos, es tiempo de poner fin a sus legendarios engaños”.

Kamil tenía una tendencia a retratar las relaciones entre la mayoría árabe musulmana de Egipto y la minoría cristiana copta como una relación ideal, afirmando que Egipto era una nación tolerante y en absoluto similar al relato de Lord Cromer de una nación musulmana “fanática” que pisoteaba a los coptos. Para contrarrestar el argumento del “fanatismo” de Cromer, Kamil acuñó el eslogan “Libre chez nous, hospitaliers pour tous(“Libres en nuestro país, hospitalarios para todos”), que se convirtió en su lema.

Gran parte de la obra de Kamil fue precursora del posterior nacionalismo tercermundista, ya que dio gran visibilidad en Al-Liwa a los movimientos independentistas de la India y de las Islas Orientales Neerlandesas (hoy Indonesia), sosteniendo que los activistas independentistas en ambos países compartían una causa común con gente como él, ya que todos eran miembros de un “Oriente” oprimido por “Occidente”.

Después de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-05, Kamil se convirtió en un ferviente japonófilo, alabando a Japón como un pueblo “Oriental” que se había modernizado sin perder su idiosincrasia y como un modelo a seguir para Egipto. Le dio una gran cobertura a la Guerra Ruso-Japonesa en Al-Liwa. Viendo asimismo al Sultán Otomano Abdulhamid II como un reformador, Kamil constantemente reportaba acerca de los esfuerzos de reforma en el Imperio Otomano, y manifestaba sus esperanzas de que Abdulhamid se convirtiera en un “Meiji” Otomano.

El 28 de marzo de 1904 le escribió a su amiga francesa Juliette Adam acerca de que estaba escribiendo un libro sobre Japón “de manera de explicarle al pueblo como levantarse, y para alentarlos mostrándoles la actual lucha de los japoneses”. En junio de 1904, Kamil le contó a Adam que ya había terminado su libro sobre Japón: “Acabo de terminar el primer volumen de mi libro sobre Japón. La principal razón que me impulsó a hacerlo fue para sacar provecho de la gran corriente de simpatía que mis compatriotas tienen por los japoneses, y para decirles que ese pueblo es tan fuerte sólo porque son patriotas. Creo que tendrá un efecto despertador. Nunca me he cansado tanto como en estos últimos días”.

En su libro de 1904, El sol naciente, Kamil escribió:

“Si los europeos hubieran sido auténticos en su propaganda y discurso acerca de que querían civilizar a toda la humanidad y de que ellos no iban a los países más que a llevar a su pueblo al camino de la civilización, entonces hubieran estado satisfechos con el progreso de la raza amarilla y su desarrollo, y estimado a Japón como el más grande de los factores civilizados. Sin embargo, la realidad es que la rivalidad sigue siendo la regla general en la humanidad. Está determinado que todo el mundo trabaja para el detrimento y la desventaja de su oponente. Los europeos no quieren el avance de los orientales, y los orientales no desean la permanencia del poder europeo”.

Y en un artículo de septiembre de 1904, Kamil escribió que las victorias japonesas frente a Rusia eran “una gloria para todos los orientales”.

Cuando Kamil se enteró de que su amigo francés Pierre Loti apoyaba a Rusia frente a Japón y había dado por terminada su amistad por el asunto, le escribió a Juliette Adam el 9 de junio de 1905:

“Lamento extremadamente que Loti haya cambiado de opinión sobre mí…Si le he hablado de mi entusiasmo por Japón es porque no puedo ocultar mi opinión y mis sentimientos; … Ustedes están perplejos de que yo apoye a los japoneses; todo mi pueblo está de acuerdo conmigo. Les ruego examinar el asunto desde un punto de vista egipcio y musulmán. De los dos combatientes, Japón no le ha hecho ningún daño a Egipto ni al Islam; por el contrario, Rusia le ha hecho a Egipto el mayor de los males bajo el reinado del gran Mehmet Ali, al quemar su flota, en acuerdo con Inglaterra, siempre traicionera, y Francia, siempre engañada [Kamil se refería a la Batalla de Navarino de 1827, cuando una flota Anglo-Franco-Rusa destruyó la flota Otomano-Egipcia cerca de la costa de Grecia]. Y al presentarle a Mehmet Ali la mayor oposición, ella le ha hecho al Islam y a los pueblos musulmanes el más negro de los males. Rusia es enemiga número uno. En segundo lugar, no es la alianza de Inglaterra con Japón la que arruina la independencia de mi país, sino la Entente entre la traicionera Inglaterra y Francia. ¿Por qué, entonces, debería ser antijaponés, yo, que adoro a los patriotas y encuentro entre los japoneses el mayor ejemplo de patriotismo? El pueblo japonés es el único pueblo oriental que ha puesto a Europa en su lugar. ¿Cómo podría no amarlos?”

Gran parte de El sol naciente se ocupa de la Restauración Meiji, con el Emperador Meiji convertido en un héroe por haber modernizado al Japón terminando con el shogunato Tokugawa, lo cual los lectores egipcios debían interpretar como un llamado a que el Jedive Abbas Hilmi modernizara Egipto terminando con la ocupación británica. El mensaje fue hecho explícito cuando Kamil comparó el shogunato Tokugawa tardío, incapaz de imponerse a las potencias extranjeras que acosaban a Japón, con el estado actual del mundo musulmán, igualmente incapaz de defenderse de los extranjeros, y expresó la esperanza de que Abdulhamid II y Abbas Hilmi II fueran capaces de emular al Emperador Meiji.

En El sol naciente, Kamil presenta al Shintoísmo de Estado como un medio que utilizaba el estado japonés para unificar al pueblo japonés alrededor de una lealtad común al Emperador. Escribía con admiración acerca de cómo el Shintoísmo de Estado unificaba al pueblo en Japón. Kamil pensaba que hacer que el pueblo japonés adorara al Emperador como un dios viviente era muy útil, argumentando que los japoneses nunca estaban tan divididos como los egipcios.

Al mismo tiempo, elogiaba las reformas Meiji por haberle dado a Japón un sistema legal basado en el sistema francés, haciendo a todos los japoneses iguales ante la ley, y por haber sancionado una Constitución, y sugería que el Jedive debía hacer lo mismo en Egipto. El mansaje de Kamil era que la aristocracia egipcia debía ser más como la elite japonesa, haciendo reformas que terminaran con su estatus especial por el bien de Egipto.

La causa de Kamil se vio fortalecida por el Incidente de Dinshawai, el 13 de junio de 1906, en el cual cuatro campesinos egipcios fueron sumariamente juzgados y ahorcados por haber atacado a oficiales británicos que estaban cazando palomas en su aldea. Este incidente galvanizó al movimiento nacionalista egipcio, y Kamil lo utilizó para instigar la rabia nacionalista, convirtiéndose en vocero del movimiento nacionalista egipcio. Reportó acerca del incidente para el diario francés Le Figaro, logrando atraer la atención internacional. En julio de 1906 visitó Londres y tradujo su artículo al inglés, enviándoselo por carta a cada miembro del parlamento británico. Además, dio discursos por toda Gran Bretaña relatando el hecho.

Visitó Downing Street 10 para encontrarse con el Primer Ministro británico, Henry Campbell-Bannerman. Campbell-Bannerman le pidió a Kamil una lista de egipcios aptos para ser ministros, y Kamil le pasó una lista de 32 nombres, muchos de los cuales fueron posteriormente nombrados miembros del gabinete egipcio. El Incidente de Dinshawai llevó a la renuncia de Lord Cromer, en marzo de 1907.

Kamil fue apoyado principalmente por Mohammad Farid, un prominente aristócrata egipcio. Con ayuda de Farid, fundó en diciembre de 1907 el Partido Nacionalista (al-Hizb al-Watani), dos meses antes de morir. Su funeral fue una demostración masiva de duelo popular, y a él asistieron cientos de miles que veían a Kamil como su paladín. Farid se convirtió en líder del Partido Nacionalista después de su muerte.

El mausoleo de Mustafá Kamil (construido entre 1949 y 1953) está abierto al público en forma de museo.

Kamil es recordado como un ardiente nacionalista egipcio, y un gran defensor de la independencia nacional. Se cree que el himno nacional egipcio actual (Bilady, bilady, bilady) fue inspirado por uno de los discursos de Kamil.

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