Mustafá Kamil (14 de agosto de 1874, El Cairo – 10 de febrero de 1908, El Cairo) fue un abogado, periodista y líder nacionalista egipcio que se opuso a la ocupación británica de su país.
Admiraba
el Japón Meiji porque había
sabido hacer frente al imperialismo occidental, e incluso antes de que se
produjera su victoria en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 escribió
un libro exaltándolo titulado El sol naciente.
Asimismo, era
francófilo. Había estudiado en Francia y confiaba en que los franceses
ayudarían a Egipto a sacudirse el yugo colonial.
En 1907 fundó el
Partido Nacionalista cuyo objetivo era conseguir la independencia de Egipto. Un
año antes él y sus seguidores habían organizado una gran movilización popular
contra los extranjeros como protesta por el injusto ahorcamiento de cuatro
campesinos —lo que llegó a conocerse como el Incidente de
Dinshawai.
Kamil murió
pocos meses después de la fundación del Partido Nacionalista y su entierro constituyó
una masiva demostración de duelo. Considerado un héroe de la independencia de
Egipto, entre 1949 y 1953 se construyó su mausoleo con una sala en donde se
exponen objetos y documentos relacionados con su vida.
Biografía
Hijo de un oficial del Ejército Egipcio, Kamil se
formó como abogado en la Escuela de Derecho Francesa en El Cairo y en la
Facultad de Derecho de la Universidad de Toulouse en Francia.
En enero de 1893, mientras era estudiante
universitario, Kamil se hizo famoso por primera vez por dirigir a un grupo de
estudiantes que destruyeron las oficinas del periódico al-Muqattam,
el cual apoyaba la
ocupación británica.
Siendo un nacionalista apasionado, apoyó al Jedive
de Egipto de ese momento, Abbas Hilmi II, quien se oponía fuertemente a dicha
ocupación. Conoció al Jedive personalmente en 1892, y fue éste quien financió
su educación en Toulouse.
Kamil llamó la atención fuera de Egipto por primera
vez cuando presentó una petición ante la Cámara de Diputados de Francia en
junio de 1895, en donde le pedía a Francia que presionara a Gran Bretaña para
que se fuera de Egipto.
En un discurso en idioma francés en Toulouse, el 4
de julio de 1895, Kamil acusó a Lord Cromer (el administrador colonial
británico de Egipto en ese tiempo) de “designar a propósito en ministerios y
otras posiciones administrativas egipcias a hombres incapaces, indiferentes o
traidores. De esta manera, no sólo manipula a estos hombres como un instrumento
bajo su control, sino que usa su incompetencia para intentar probarle a Europa
que nuestro país carece de una clase dirigente competente”. En el mismo
discurso, Kamil hacía un llamado de ayuda a los franceses diciendo: “Sí,
caballeros, es deber de Francia el intervenir y salvarnos… Francia, que
generosamente ha despertado a Egipto de su profundo sueño y que siempre nos ha
tratado como a su hijo más querido, ganándose en el proceso nuestro respeto
eterno, emanado de la profundidad de nuestros corazones y almas”.
Al retornar a Egipto, Kamil escribió un panfleto en
francés (lengua de la elite egipcia en ese entonces) titulado Le
peril anglais: Conséquence de l'occupation de l'Egypte par l'Angleterre.
Entre 1895 y 1907, Kamil visitó Francia todos los
años, siempre dando conferencias y escribiendo artículos de diario en los que
denunciaba al colonialismo británico. Kamil frecuentemente actuaba como un
diplomático informal, recorriendo las capitales de Europa por orden del Jedive,
buscando apoyos para terminar con la ocupación británica de Egipto.
En Francia trabó amistad con el escritor Pierre
Loti y la feminista Juliette Adam, quienes le presentaron a gran parte de la
intelectualidad francesa. Estos quedaron impresionados por el carismático e
inteligente joven, quien hablaba un francés fluido.
Sin embargo, la retórica francófila de Kamil era
calculada, tal como le relató al secretario de Abbas Hilmis en una carta de
septiembre de 1895: “Como cualquier persona realista sabe, las naciones sólo se
fijan en sus propios intereses. Los franceses, al igual que los ingleses, sin
importar cuán leales a nosotros aparenten ser, harán lo que esté en su interés
político. Por lo tanto, con nuestro acercamiento y amistad hacia ellos, estamos
empleando meramente una maniobra política para ganarnos su confianza y, quizás,
aunque sea temporariamente, podremos beneficiarnos de ellos políticamente”.
Kamil también buscó cooperar con el Imperio
Otomano, debido al estatus formal de Egipto como un vilayato (provincia)
de ese imperio (con autonomía desde el reinado de Mehmet Ali el Grande) que
había sido ocupado por Gran Bretaña en 1882. Como la mayoría de los egipcios de
su generación, Kamil veía a los Jedives como los gobernantes legítimos de
Egipto, quienes a su vez le debían lealtad al Sultán Otomano en Estambul. Pero
gradualmente se fue haciendo más independiente de patrocinadores extranjeros, y
apeló principalmente al pueblo egipcio para terminar con la ocupación
británica.
En 1900, Kamil fundó el periódico Al-Liwa (“El
Estandarte”) como plataforma para difundir sus ideas. También fundó una escuela
de niños varones abierta a los egipcios de todas las religiones.
Como muchos otros nacionalistas egipcios de
principios del siglo XX, Kamil se enorgullecía de los logros de la antigua
civilización egipcia, los cuales, para él, demostraban que Egipto tenía una
historia de organización estatal que databa de miles de años atrás,
distinguiendo a los egipcios de otros pueblos. Influenciado por el filósofo
francés Ernest Renan, quien sostenía que lo que definía a una nación era “el
deseo de vivir juntos”, Kamil argumentaba que los egipcios habían querido vivir
juntos en un solo estado durante milenios. Para él, la unificación del Alto y
el Bajo Egipto, alrededor del 3100 AC, fue el nacimiento de Egipto como Estado,
contradiciendo así las enseñanzas islámicas de que toda la historia egipcia
anterior a la conquista musulmana (639-642 DC) había sido un período de “jahiliyyah”
(“ignorancia bárbara”).
La postura de Kamil sobre el rol del Islam en la
vida egipcia era bastante elástica, y variaba de acuerdo a la audiencia a la
que se dirigía. Algunas veces sostenía que el Islam era la esencia de la
nacionalidad egipcia, mientras que otras veces decía que era el amor a la
Patria lo que definía al ser egipcio, implícitamente aceptando a los cristianos
coptos y a los judíos egipcios como iguales. Kamil tendía a ver al Islam como
un refuerzo para el patriotismo egipcio, y no como su base fundamental.
Lord Cromer solía describir a Kamil en sus
despachos a Londres como “el incapaz demagogo nacionalista”. Kamil rebatía
apasionadamente las frecuentes afirmaciones de Lord Cromer de que los
“orientales” no tenían la misma capacidad para razonar que los europeos, y
muchos de sus escritos se ocupaban de demostrar que los egipcios sí tenían
capacidad para razonar y para pensar inteligentemente.
Kamil también atacó a Cromer en un discurso por
tratar de “poner fin a la influencia francesa”. Kamil argumentaba que el
sistema educativo egipcio había sido alguna vez hogar de “maestros egipcios y
franceses leales y eruditos” y que ahora era “el lugar de encuentro de los más
ignorantes y más egoístas aventureros británicos”.
Cuando escribía para audiencias europeas,
usualmente francesas, Kamil solía atacar la afirmación de Cromer de que el
musulmán egipcio promedio era un “fanático” sanguinario que buscaba cualquier
oportunidad para asesinar cristianos. En un artículo, Kamil escribió:
“Los ingleses han cometido injusticia tras
injusticia, pero han convencido a Europa de que nosotros somos un pueblo
fanático, hostil a todos los cristianos. ¡Esta es la mayor de todas las
mentiras! No somos fanáticos u hostiles a los cristianos. Somos un pueblo sabio
y hospitalario, y la prueba es incontestable… Durante el último siglo estuvimos
en contacto directo con Europa, y especialmente Francia, y nunca fuimos
hostiles a nadie. Por el contrario, el mundo entero encuentra en Egipto la más
generosa hospitalidad. Si nuestros enemigos afirman que somos fanáticos
religiosos, es tiempo de poner fin a sus legendarios engaños”.
Kamil tenía una tendencia a retratar las relaciones
entre la mayoría árabe musulmana de Egipto y la minoría cristiana copta como
una relación ideal, afirmando que Egipto era una nación tolerante y en absoluto
similar al relato de Lord Cromer de una nación musulmana “fanática” que pisoteaba
a los coptos. Para contrarrestar el argumento del “fanatismo” de Cromer, Kamil
acuñó el eslogan “Libre chez nous, hospitaliers
pour tous” (“Libres en nuestro país, hospitalarios para
todos”), que se convirtió en su lema.
Gran parte de la obra de Kamil fue precursora del
posterior nacionalismo tercermundista, ya que dio gran visibilidad en Al-Liwa
a los movimientos independentistas de la India y de las Islas Orientales
Neerlandesas (hoy Indonesia), sosteniendo que los activistas independentistas
en ambos países compartían una causa común con gente como él, ya que todos eran
miembros de un “Oriente” oprimido por “Occidente”.
Después de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-05,
Kamil se convirtió en un ferviente japonófilo, alabando a Japón como un pueblo
“Oriental” que se había modernizado sin perder su idiosincrasia y como un
modelo a seguir para Egipto. Le dio una gran cobertura a la Guerra
Ruso-Japonesa en Al-Liwa. Viendo asimismo al Sultán Otomano Abdulhamid
II como un reformador, Kamil constantemente reportaba acerca de los esfuerzos
de reforma en el Imperio Otomano, y manifestaba sus esperanzas de que
Abdulhamid se convirtiera en un “Meiji” Otomano.
El 28 de marzo de 1904 le escribió a su amiga
francesa Juliette Adam acerca de que estaba escribiendo un libro sobre Japón
“de manera de explicarle al pueblo como levantarse, y para alentarlos
mostrándoles la actual lucha de los japoneses”. En junio de 1904, Kamil le
contó a Adam que ya había terminado su libro sobre Japón: “Acabo de terminar el
primer volumen de mi libro sobre Japón. La principal razón que me impulsó a
hacerlo fue para sacar provecho de la gran corriente de simpatía que mis
compatriotas tienen por los japoneses, y para decirles que ese pueblo es tan
fuerte sólo porque son patriotas. Creo que tendrá un efecto despertador. Nunca
me he cansado tanto como en estos últimos días”.
En su libro de 1904, El sol naciente, Kamil
escribió:
“Si los europeos hubieran sido auténticos en su
propaganda y discurso acerca de que querían civilizar a toda la humanidad y de
que ellos no iban a los países más que a llevar a su pueblo al camino de la
civilización, entonces hubieran estado satisfechos con el progreso de la raza
amarilla y su desarrollo, y estimado a Japón como el más grande de los factores
civilizados. Sin embargo, la realidad es que la rivalidad sigue siendo la regla
general en la humanidad. Está determinado que todo el mundo trabaja para el
detrimento y la desventaja de su oponente. Los europeos no quieren el avance de
los orientales, y los orientales no desean la permanencia del poder europeo”.
Y en un artículo de septiembre de 1904, Kamil
escribió que las victorias japonesas frente a Rusia eran “una gloria para todos
los orientales”.
Cuando Kamil se enteró de que su amigo francés
Pierre Loti apoyaba a Rusia frente a Japón y había dado por terminada su
amistad por el asunto, le escribió a Juliette Adam el 9 de junio de 1905:
“Lamento extremadamente que Loti haya cambiado de
opinión sobre mí…Si le he hablado de mi entusiasmo por Japón es porque no puedo
ocultar mi opinión y mis sentimientos; … Ustedes están perplejos de que yo
apoye a los japoneses; todo mi pueblo está de acuerdo conmigo. Les ruego
examinar el asunto desde un punto de vista egipcio y musulmán. De los dos
combatientes, Japón no le ha hecho ningún daño a Egipto ni al Islam; por el
contrario, Rusia le ha hecho a Egipto el mayor de los males bajo el reinado del
gran Mehmet Ali, al quemar su flota, en acuerdo con Inglaterra, siempre
traicionera, y Francia, siempre engañada [Kamil se refería a la Batalla de
Navarino de 1827, cuando una flota Anglo-Franco-Rusa destruyó la flota
Otomano-Egipcia cerca de la costa de Grecia]. Y al presentarle a Mehmet Ali la
mayor oposición, ella le ha hecho al Islam y a los pueblos musulmanes el más
negro de los males. Rusia es enemiga número uno. En segundo lugar, no es la
alianza de Inglaterra con Japón la que arruina la independencia de mi país,
sino la Entente entre la traicionera Inglaterra y Francia. ¿Por qué, entonces,
debería ser antijaponés, yo, que adoro a los patriotas y encuentro entre los
japoneses el mayor ejemplo de patriotismo? El pueblo japonés es el único pueblo
oriental que ha puesto a Europa en su lugar. ¿Cómo podría no amarlos?”
Gran parte de El sol naciente se ocupa de la
Restauración Meiji, con el Emperador Meiji convertido en un héroe por haber
modernizado al Japón terminando con el shogunato Tokugawa, lo cual los lectores
egipcios debían interpretar como un llamado a que el Jedive Abbas Hilmi
modernizara Egipto terminando con la ocupación británica. El mensaje fue hecho
explícito cuando Kamil comparó el shogunato Tokugawa tardío, incapaz de imponerse
a las potencias extranjeras que acosaban a Japón, con el estado actual del
mundo musulmán, igualmente incapaz de defenderse de los extranjeros, y expresó
la esperanza de que Abdulhamid II y Abbas Hilmi II fueran capaces de emular al
Emperador Meiji.
En El sol naciente, Kamil presenta al
Shintoísmo de Estado como un medio que utilizaba el estado japonés para
unificar al pueblo japonés alrededor de una lealtad común al Emperador. Escribía
con admiración acerca de cómo el Shintoísmo de Estado unificaba al pueblo en
Japón. Kamil pensaba que hacer que el pueblo japonés adorara al Emperador como
un dios viviente era muy útil, argumentando que los japoneses nunca estaban tan
divididos como los egipcios.
Al mismo tiempo, elogiaba las reformas Meiji por
haberle dado a Japón un sistema legal basado en el sistema francés, haciendo a
todos los japoneses iguales ante la ley, y por haber sancionado una
Constitución, y sugería que el Jedive debía hacer lo mismo en Egipto. El
mansaje de Kamil era que la aristocracia egipcia debía ser más como la elite
japonesa, haciendo reformas que terminaran con su estatus especial por el bien
de Egipto.
La causa de Kamil se vio fortalecida por el
Incidente de Dinshawai, el 13 de junio de 1906, en el cual cuatro campesinos
egipcios fueron sumariamente juzgados y ahorcados por haber atacado a oficiales
británicos que estaban cazando palomas en su aldea. Este incidente galvanizó al
movimiento nacionalista egipcio, y Kamil lo utilizó para instigar la rabia
nacionalista, convirtiéndose en vocero del movimiento nacionalista egipcio. Reportó
acerca del incidente para el diario francés Le Figaro, logrando atraer
la atención internacional. En julio de 1906 visitó Londres y tradujo su
artículo al inglés, enviándoselo por carta a cada miembro del parlamento
británico. Además, dio discursos por toda Gran Bretaña relatando el hecho.
Visitó Downing Street 10 para encontrarse con el
Primer Ministro británico, Henry Campbell-Bannerman. Campbell-Bannerman le
pidió a Kamil una lista de egipcios aptos para ser ministros, y Kamil le pasó
una lista de 32 nombres, muchos de los cuales fueron posteriormente nombrados
miembros del gabinete egipcio. El Incidente de Dinshawai llevó a la renuncia de
Lord Cromer, en marzo de 1907.
Kamil fue apoyado principalmente por Mohammad
Farid, un prominente aristócrata egipcio. Con ayuda de Farid, fundó en
diciembre de 1907 el Partido Nacionalista (al-Hizb al-Watani), dos meses
antes de morir. Su funeral fue una demostración masiva de duelo popular, y a él
asistieron cientos de miles que veían a Kamil como su paladín. Farid se
convirtió en líder del Partido Nacionalista después de su muerte.
El mausoleo de Mustafá Kamil (construido entre 1949
y 1953) está abierto al público en forma de museo.
Kamil es recordado como un ardiente nacionalista
egipcio, y un gran defensor de la independencia nacional. Se cree que el himno
nacional egipcio actual (Bilady, bilady, bilady) fue inspirado por uno
de los discursos de Kamil.

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